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Podría haberse llamado de otra forma. Quizá Sofía, Catalina o Rosario pero su nombre es Silvia, que deriva del latín silva y que significa ‘selva’, ‘bosque’. Pudo haber nacido en otro país, Chile, España o India pero nació en Colombia «uno de los países más biodiversos del mundo», eso dice la gente.


Escrito por: Yulieth Mora


Podría haber elegido estudiar derecho para luchar por causas justas pero resolvió ser antropóloga de la Universidad de los Andes y luchar por ellas desde ahí. La vida de Silvia Gómez podría ser de otra forma pero no lo es, hoy es la Directora de Greenpeace en Colombia este ha sido su destino.

 

¿Dónde está ese país?

De niña Silvia tenía curiosidad por ese otro país, en palabras suyas, «ese que desde Bogotá no se ve, no se escucha, no se vive, ni se entiende». Quería entender dónde estaba esa Colombia, dónde quedaban esos pueblos en los que vivían los campesinos que proveen toda la comida a las ciudades y quizá para resolverlo llegó el momento de elegir una carrera y aunque le tentaba el derecho, «estudié antropología porque finalmente, la gente sabe cuándo ha cometido errores y yo no quería ser la persona que definiera eso. Yo quería trabajar de forma propositiva con la gente», afirma.

Apenas en los primeros semestres logró conectarse con profesores del Departamento que le abrieron la puerta para desplegar su pasión como voluntaria en varias ONG, interesadas en la Amazonia, fue quien organizó sus bibliotecas, hizo de secretaria de mensajería y lo hizo con tanta pasión que la Fundación Tropenbos le dio el chance para hacer trabajo de campo con las comunidades indígenas Andoque, Huitoto, Muinane, en cuarto semestre, «cuando no sabía nada».

Ya en la selva, dedicó una década a trabajar en el Amazonas, también con la Fundación Gaia trabajó duro para fortalecer los gobiernos indígenas, lo que le permitió comprender que, «tenemos una visión muy egocentrista y muy poco ecocentrista. No estamos en función de agradecer, maximizar y usar de una mejor manera los recursos sino por el contrario los vemos separados de nosotros», reflexiona.

 

De victorias e impactos mundiales

Su paso por el Amazonas desembocó en el Sur de Inglaterra donde hizo su maestría en Ciencia Holística en Schumacher College y a su pasó logró hacer conexiones para traer hasta el país el programa de Certificación en Ciencia Holística y Economía para la Transición, «lo hicimos porque entendimos que poca gente tiene la posibilidad de ir a Inglaterra a tomar dos años, porque es costoso y por eso hicimos un convenio con ellos».

A su regreso a Colombia trabajó para la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, para la Organización de las Naciones Unidas con comunidades campesinas en Montes de María y como consultora en el Ministerio de Ambiente y diversas ONG. Apasionada e intrépida como ninguna otra fue elegida cuando Greenpeace, una de las organizaciones ambientalistas más importantes del mundo, volcó su mirada a la protección de los recursos naturales de Colombia y eligió a Bogotá para abrir una de sus oficinas, presentes en más de 41 países en todos los continentes.

En 44 años esta organización, financiada con el apoyo de casi 4 millones de socios y más de 4 millones de ciberactivistas ha logrado que gobiernos e industrias reformulen sus políticas para proteger el planeta en que vivimos. Una de sus victorias más recientes fue que la petrolera holandesa, Shell, anunciara que no realizará más perforaciones en el Ártico y que LEGO, la empresa de juguetes más grande del mundo, no renueve su contrato de co-promoción con Shell luego de una provocadora campaña que logró movilizar a más de 7 millones de personas en todo el mundo, sin contar que Corea diga no a la caza de ballenas o que Mattel no compre el papel de las cajas sus productos a Asia Pulp and Paper (APP), una empresa denunciada por talar indiscriminadamente en los bosques de Indonesia.

Desde Colombia Silvia hace su parte con la campaña que lidera para proteger los páramos de Colombia, la denuncias de casos como el de Pisba en Boyacá la han llevado a confrontar al Ministro de Ambiente de una manera provocadora y pacífica como es la filosofía de Greenpeace, «le dijimos: ministro su inactividad y su inacción nos demuestra que usted está convencido de que en Pisba el agua no está contaminada, entonces acá le traemos agua contaminada para que usted se la tome», recuerda.

En esa tarea han logrado que más de 47 mil colombianos firmen y se comprometan con convertirse en dueños del páramo, lo que incluye defenderlo y reclamar su protección, «la gente ya está entendiendo que no es un asunto menor, que nos toca a todos y que si nosotros seguimos permitiendo minería en páramos no vamos a tener la calidad de agua, ni su misma frecuencia», explica Silvia.

 

Coherencia de verdad

Junto a su esposo, como ella lo describe un «hombre alucinante, comprometido con la sostenibilidad», esta uniandina, directora de Greenpeace, es también madre de dos niñas, Ana y Elisa, de 3 y 5 años, «mi familia  y todos estos años de trabajo me han enseñado a tener coherencia con mi trabajo y mi vida personal y no hago una cosa en mi trabajo y le enseño otra a mis hijas sino que es un todo», explica.

Es que Silvia es una convencida de la coherencia en la vida y afirma que si se está seguro de cambiar el futuro entonces, hay que ser coherente para lograrlo, «y lo primero es participar de forma activa y pensar que mi firma sí hace la diferencia y lo segundo en términos prácticos; hay que pensar en el ciclo de los objetos, usar menos empaques, coger una botella y llenarla cada vez de agua en casa, no comprar tres botellas en el día, usar bolsas de tela y no implica que no se pueda usar el carro sino que garantice llenarlo para que no sean tres carros con una sola persona. Ser coherente», dice ella.

Además, no tiene la necesidad de ser muchas ‘Silvias’, para cumplir con esas y otras labores, incluso sus hijas hacen parte de su proyecto de emprendimiento junto a su esposo que se dedica a la cría de pollos, vacas y corderos orgánicos, entre otros, lo hacen juntos los fines de semana, «el proyecto se llama www.deveras.co y le vendemos a los restaurantes leche cruda, pollo, mantequilla orgánica. Las niñas hacen parte de todo el proceso porque justamente parte de la coherencia de enseñarles qué decisiones tomamos en el momento de comprar».

Esa Silvia coherente desde su nombre hasta la punta de sus de pies.

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