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Escrito por: Carolina Tobar Amorocho


Muchos han trazado su historia en mi interior, dejando algo de ellos en mí y a todos los recuerdo. Tengo más vida en los años que años de vida, aunque dicen que son muchos los años que me he mantenido en pie. Podría contar historias enteras de familias y amigos; guardo secretos que a nadie revelo y soy testigo de escenas irrepetibles que no saben que veo.

Hoy les voy a contar sobre algo que hace 24 años tocó mi puerta, se enamoró de mí y yo de su idea, me compró y me ha cuidado como su más preciado tesoro. Desde entonces mis paredes han sido el escenario de sus historias.

Transcurría el año 1992. Yo, antigua y fría; ese algo con emociones e ilusiones. Quién lo creería, una pareja opuesta. Yo, un patrimonio clásico y solo; ellos, una Asociación que crecía.

Siempre he pensado que cuando algo está destinado a ser nada se interpone. ¿En cuántos espacios como el mío se puede soñar el futuro de miles? Basta con mirar la arquitectura imponente de las casas antiguas que aún se conservan entre las calles 72 y 100 de Bogotá. Pero algo les decía que tenía que ser yo.

Y ojo, las apariencias engañan. Una cosa es tener cuatro columnas que conforman una fachada neoclásica al estilo plantación sureña norteamericana, y otra muy distinta es ser aburrida. En este matrimonio la juventud se aflora en mí sin dañar mi esencia interior, porque el alma de ellos quiere volar y he sido testigo de su evolución.

 

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He sido testigo de cómo año tras año se imponen metas y las cumplen. Llegaron buscando un lugar, o un hogar, para alojar a 5.161 miembros de su familia. ¡Y cómo han crecido!, hoy por mis pasillos deambulan más de 12.000. Muchos jóvenes, muchos aún estudiantes y todos con la satisfacción de ser parte de algo tan propio, tan de ellos como lo es su casa, como lo es su familia.

Cuando llegaron tenían ideas y ganas. Se dieron cuenta de que debían ofrecer una amplia gama de servicios al voluminoso número de afiliados y sus familias. Empezaron con salud prepagada, hoy tienen 100 convenios activos que van desde gimnasios y pólizas para vehículos, hogar y exequias, hasta descuentos en almacenes de ropa, cine y teatro.

Quienes la conforman saben que acá tienen un amigo, y qué amigo. Toda la información que necesiten está a su alcance, en sus manos. La facturación de los convenios a los que se inscriben los afiliados se hace a través de la Asociación, incluso sin tener ningún tipo de interés o pagar un valor adicional y con las tarifas preferenciales a las que pueden acceder.

 

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Lo primero que dicen cuando se refieren a mí es que se sienten atrapados en el tiempo, como si todo se hubiera detenido por un minuto y entraran a una morada del siglo XVIII, donde un imponente paisaje se apodera de ellos.

Las escaleras largas, altas y románticas dan la bienvenida al lugar. Están forradas con un tapete rojo que hace sentir a todo el que entra como un miembro de honor. Los ventanales son largos y están vestidos con cortinas beige; las lámparas clásicas armonizan con su luz el lugar, y en el centro un frondoso florero da la estocada final al paisaje.

Hay 18 salones disponibles para los afiliados, quienes pueden acceder a ellos a cambio de una módica suma en comparación con otros espacios similares ubicados en la misma zona y con las comodidades que acá se brindan. 

El auditorio es uno de los espacios más cotizados, pues tiene un aforo de hasta 250 personas, dependiendo de cómo se distribuya el espacio. Y ni hablar de los manjares que se pueden degustar en el restaurante Refugio Uniandino, en el café Los Vagones o en el bar La Pola.

 

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Un poco más adentro se encuentra uno de los lugares más especiales, la Galería Espacio Alterno. Allí los artistas exponen sus obras y le ponen color a la escena artística de la casa, que por cierto es bastante movida.

Hay una agenda permanente de proyectos y eventos culturales que abarcan todas las áreas artísticas: visuales, plásticas, literatura, cine, gestión cultural, música y culturas representativas del mundo.

Estos son espacios donde los estudiantes, afiliados y amigos de la cultura se pueden integrar, proponiendo eventos y proyectos. Inclusive pueden participar en concursos con premiación, como el Premio Uniandinos a las Artes (PUA) y el Concurso de Cuento Ramón de Zubiría, que este año celebra su versión XXI.

 

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Hay un momento en la vida en el que reflexionamos sobre nuestras obras y uno se da cuenta de que de nada vale venir a este mundo sin servir. Aquí se aprende a servir desde lo que se es.

La Universidad de los Andes es una de las mejores del país, de Latinoamérica, y tiene un puesto importante a nivel mundial que, año tras año, escala posiciones. Sus egresados son profesionales íntegros, excelentes en su trabajo y, ¿qué mejor que dar un poco de su sabiduría a los demás?

Alianza Social Uniandina (ASU) es lo que yo llamo el corazón de Uniandinos. Es un espacio donde sus miembros pueden retribuir lo que han aprendido durante sus años universitarios y su experiencia laboral a causas sociales que lo necesitan.

Es el punto donde las personas tocan su sentido de responsabilidad social y despiertan el interés por ejercer un rol activo frente a las problemáticas de su comunidad. Sus miembros empiezan a tejer redes en pro de actividades altruistas y filantrópicas, rescatando el sentido humano que los lleva más allá del deber.

 

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A lo largo de estos años he visto tertulias de todos los temas, han entrado por mi alfombra roja políticos, famosos, sabios, doctores… Todos a exponer un poco de sí, de su vida, a abrir su alma en esta casa porque creen que lo que aquí se construye se convierte en un elemento fundamental para cambiar el mundo.

Y es que, ¿qué sería de una familia si sus miembros no pudieran opinar, hablar, hacer, crear? Acá todos son tomados en cuenta y sus intereses también. Los Capítulos son espacios de participación que les permiten a los egresados crecer en varios temas con relación a su profesión y/o sus intereses personales. Hay para todos los gustos, desde caminatas y golf hasta espacios de networking y emprendimiento.

El trabajo de quienes hacen posibles estos espacios es voluntario. Es por pasión, es por amor a su profesión, a su Asociación y su retribución es más valiosa que un ingreso económico. Le permite al afiliado voluntario enriquecerse profesionalmente y formarse en algunos temas, con lo que obtiene el reconocimiento de su labor.

 

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Si algo es claro y constante en el panorama que veo a diario es que todos sus miembros son importantes, al igual que sus proyectos de vida y sus familias. Acá se tejen amistades. Uniandinos es ese mejor amigo que está para ti en cada momento de la vida.

¿Qué otro amigo se preocupa de corazón por que tengas un empleo de acuerdo al momento en el que te encuentres? Te ayuda si estás buscando tu primer trabajo, si vas a postularte para uno que requiera mayor experiencia o si quieres cambiarte de área. Y lo hace a tu acomodo, con asesorías personales o talleres específicos para mejorar tus competencias.

Aunque si lo tuyo es emprender, también te brinda el espacio para que trabajes en tu proyecto: ahí puedes ampliar tu networking y hacer que tu innovación traspase fronteras a través del coworking.

Por otra parte, desde 1993 se constituyó el Fondo Educativo (FEDU), un beneficio para los afiliados que en la actualidad apoya estudios de especialización, maestría y doctorado, cursos y seminarios de educación no formal, estudios universitarios de hijos de afiliados, participación en congresos de actualización profesional, participación en los Congresos Nacionales de Uniandinos y congresos o encuentros que contribuyan al desarrollo personal de los afiliados y de su grupo familiar.

 

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Así paso mis días, viendo cómo desde las 6 de la mañana 106 personas están en disposición de servir. Ha transcurrido el tiempo y he comprendido que no de gratis mis habitantes conforman Uniandinos, la Asociación de Egresados más importante del país a nivel universitario. Su modelo es único y su organización impecable.

Me enorgullece ver crecer a quienes dejan su huella en mi interior. Me enorgullece ser un laboratorio de ideas maravillosas que, sin duda, dejan una marca en el mundo, una marca uniandina que transforma mentes y corazones. Me enorgullece que en un país tan complicado haya personas que creen en un mejor futuro y que lo construyen. Esta es mi mirada de la historia desde esta, su casa.

Ven y conóceme.

 

“En cuanto a mí, sigo creyendo en el paraíso. Sin embargo, ahora sé que no se trata de ningún lugar concreto. Lo importante no es adónde vas, sino cómo te sientes en el momento en que llegas a formar parte de algo. Y si encuentras ese momento, es para siempre”. (Richard, La playa, 2000)


 

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