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“El simple hecho de tener una piscina dentro de la Universidad, una pista, tener un centro de gimnasio, es un alivio. No sé si en otra universidad hubiese sido posible. Los Andes es muy buena académicamente, pero no deja atrás el tema deportivo y eso, a mí, me pone muy contento y orgulloso”.


Escrito por: Emerson Martínez Velásquez


Néstor Iván Ramírez se despierta los lunes, martes y jueves a las 4:50 a.m. para entrenar natación con la selección de la Universidad de los Andes, entre las 6:00 y las 8:00 a.m. Algunos días cambia su rutina y nada la primera hora; la siguiente, sale a correr. El resto del día lo ocupa en clases y casi todos los días sale a las 5:00 p.m. Entonces, cuando acaba su jornada educativa sale a correr o se va para la casa, deja todas sus cosas y sale a correr, pero no hay día que no deje de hacerlo. Es su pasión.

 

En una familia de deportistas, un papá amante del running y del ciclismo, y una mamá basquetbolista, era imposible que sus hijos no heredaran esta pasión. Además, el destino también quiso que Néstor Iván Ramírez empezara desde muy pequeño a practicar deporte. Una mala experiencia en una piscina, en la que casi se ahoga por no saber nadar y, además, pasar la vergüenza ante los demás niños, motivó a sus padres para que empezara a tomar clases de natación, uno de los deportes que integran el triatlón.

 

Néstor empezó a nadar a los 10 años, perfeccionando estilos y compitiendo a un alto nivel. Esto le abrió las puertas para ser parte de un equipo de alto rendimiento. Entrenaba dos horas todos los días, después de terminar su jornada escolar y, durante ese tiempo, la rutina era gimnasio una hora y otra de natación. Así durante 5 años. Sin embargo, en este deporte siempre fue un nadador promedio y no era tan destacado como hoy en día lo es en triatlón.

 

Recién cumplió la mayoría de edad, Néstor se graduó del colegio, y así como terminó un ciclo educativo, también se terminó la natación para él. Ya no existía motivación y sentía que era una etapa culminada. Sin embargo, un deportista nunca deja la disciplina a un lado, y su etapa universitaria marcó un antes y un después en su carrera deportiva.

 

Sin la natación en su diario vivir, Néstor empezó a buscar qué deporte practicar. Su hermana, que tan solo le lleva un año de vida, y quien también es una deportista de alto rendimiento, empezó a hacer triatlón y, así, él se unió a ella en los entrenamientos. Inicialmente solo hacían natación, pero con sus papás los fines de semana salían a correr o a montar bicicleta. No lo practicaban a diario, pero ya tenían cierta experiencia para desempeñarse notablemente en la actividad.

 

En un principio no fue fácil para Néstor pasar de natación a triatlón ya que, de hacer un deporte en el colegio a tres en la universidad, fue un cambio bastante brusco. Además, empezando una nueva etapa en su vida, no sabía si la desarrollaría correctamente. Pero tan pronto los entrenadores lo vieron, notaron su inmenso talento.

 

“Me dijeron que debía enfocarme totalmente en el deporte, pero ese nunca fue mi enfoque, el deporte yo lo hago porque me gusta mucho, pero no quiero dedicarme a vivir del deporte. Mi entrenador empezó a decirme que viera pocas materias y empecé a hacer las cosas de esa forma. Al principio metí pocas clases y orientarme más al deporte. Desde las seis de la mañana hasta el medio día me la pasaba entrenando, luego llegaba a almorzar a la universidad y después solo me dedicaba al estudio. Eso fue muy difícil. Además, en esa época yo era juvenil y empecé a hacer un proceso de clasificación para ir a torneos suramericanos, centroamericanos, panamericanos, todo con la idea de clasificar a un mundial. Sin embargo, tuve una competencia mala y no pude clasificar. Esa fue mi última oportunidad como juvenil y ahí se terminó la idea de clasificar en esa categoría a un mundial. Posteriormente me invitaron a participar en Juegos Nacionales, y fue mi enfoque ir a dichos juegos representando a Bogotá. Incluso dejé de estudiar algunos semestres. Faltando como tres meses para la competencia, tuve una caída complicada con heridas muy fuertes y no pude asistir a Juegos Nacionales. Ahí me di cuenta de que cuando uno está bien en el deporte, todo alrededor parece que está perfecto. Pero si uno se lesiona o sufre algún accidente que no permita desarrollar bien la actividad, se le daña la vida. Por eso creo que lo único que a uno le termina quedando, en dado caso, son los estudios”, afirma Néstor.

 

Hizo un cambio radical en su vida después de aquella lesión. Cambió de carrera; había empezado la universidad estudiando ingeniería ambiental y se pasó a ingeniería de sistemas. Decidió tener matrícula completa cada semestre, y no media matrícula como estaba acostumbrado por darle espacio al deporte. Además, en ese momento decidió ir a otro equipo que fuera más flexible con el tema del estudio y que no se molestaran algún día por faltar a un entrenamiento. Y no solo eso, junto a su hermana tuvo un dilema deportivo, porque llegaron a un punto en donde no encontraban la motivación ni la inspiración necesaria para rendir al más alto nivel con el anterior equipo.

 

“Durante seis meses pensamos qué hacer y queríamos resolver esto juntos, porque siempre hemos sido muy competitivos y nos apoyamos muchísimo. Entonces, mi hermana conocía al jefe del equipo, porque él estudió en la Universidad de los Andes. Él le dijo que podíamos ingresar y entrenar con ellos. Ha sido una de las mejores decisiones, porque él es egresado Uniandino y entiende cómo son las cosas allá. Además, el 50% del equipo es de Los Andes. Por ejemplo, cuando hay semana de parciales o de entregas, en ese sentido entiende que a veces no podemos estar metidos de lleno en los entrenamientos. A mi anterior entrenador yo le decía eso, pero no entendía las cargas académicas, y desde que tomamos la decisión todo cambió para nosotros”, dice Ramírez.

 

Ese cambio lo ha motivado a prepararse para competencias del mas alto nivel. Entre uno de sus sueños está competir en unos Juegos Olímpicos, y hoy en día su preparación está encaminada a clasificar a Tokio 2020. Sin embargo, aunque es muy difícil lograr esa meta, porque a nivel nacional las personas que corren triatlón son deportistas que se dedican netamente a su actividad, él no pierde el sueño de vista. Pero también tiene en cuenta que debe poner los pies sobre la tierra y ser consciente que es algo difícil de alcanzar. Por ahora, su objetivo a corto plazo es participar en unos Juegos Nacionales y concentrarse en sacar su carrera adelante.

 

Néstor está orgulloso de ser deportista Uniandino. Está convencido que pertenecer a la Universidad de los Andes le abre un mundo de posibilidades. Las instalaciones disponen de muchos espacios para poder desarrollarse en el tema académico y en el deportivo. El hecho de tener todo en la Universidad le ha ayudado, no solo a él sino a otros deportistas, a reducir el tema de los desplazamientos a otras instalaciones deportivas en la ciudad, porque en Bogotá cada viaje es de una hora por lo menos. “El simple hecho de tener una piscina dentro de la Universidad, una pista, tener un centro de gimnasio, es un alivio. No sé si en otra universidad hubiese sido posible. Los Andes es muy buena académicamente, pero no deja atrás el tema deportivo y eso, a mí, me pone muy contento y orgulloso”, concluye. 

 

Néstor no sabe qué vaya a pasar en el futuro, pero tiene claro que llegará un día en que deba dejar de entrenar como deportista de alto rendimiento y pensar en otras cosas: su carrera, su profesión. Sin embargo, esto no será impedimento para que deje de hacer deporte. Dentro de sus metas está hacer un 70/3 en triatlón o un Iron Man, sueños que para él todo triatleta quiere cumplir en algún momento de su vida. Tiene claro que nunca quiere perder el gusto por el deporte, porque está convencido que sin eso es imposible llegar lejos.

 

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