SUSCRIBASE

Una vida llena de genialidad y su educación lo llevaron a ser una persona curiosa, sabia y emprendedora. De vuelta a Colombia, con tan solo 24 años, lleno de ideas y bajo el modelo educativo norteamericano, Mario fundó la Universidad de los Andes. Su propósito era que la educación en el país entrara en la modernidad, de la mano de una institución que no dependiera de la iglesia ni de los partidos políticos, sino que fuera conocida por su calidad y librepensamiento. Hoy ya han pasado 70 años desde que ese propósito se hizo realidad.


Escrito por: Lina María Ayala


Si tal vez hoy pudiéramos devolver el tiempo y mirar a los ojos a Mario Laserna, fácilmente podríamos sentir esa pasión y amor por el conocimiento que lo llevó, hace 70 años, a fundar la universidad más importante de Colombia. No solo por su legado, sino por la grandeza de su saber académico que se transmite generación tras generación, logrando que los Uniandinos marquen una huella imborrable en la sociedad.

 

Fue el 21 de agosto de 1929, en París, cuando Mario Laserna abrió sus ojos por primera vez. Ese día nació el hombre que, años más tarde, cambiaría la educación superior en Colombia. Era el menor de siete hijos de Elena Pinzón y don Francisco Laserna Bravo. Sin duda, Mario fue un orgullo para sus padres, pues les dio motivos de sobra; marcó la diferencia en medio de una sociedad que, para esa época, estaba polarizada por tendencias políticas y religiosas.

 

Si bien Laserna fue muy afortunado al ser hijo de un empresario exitoso, también fue un ejemplo de filantropía, pues puso su fortuna y talento al servicio del país. La educación que recibió a lo largo de su vida fue el pilar que inspiraría la fundación de la Universidad de los Andes. Es así como su padre –algo usual entre la clase alta de la época- buscaba la mejor educación para sus hijos. Allí, en París, Mario vivió su primer año hasta que, en 1930, don Francisco decidió trasladarse con su familia a Nueva York, en donde fue matriculado en la escuela pública de Jacksons Heights, en Queens, el barrio donde vivían.

 

En 1934 regresó a Bogotá y continuó sus estudios en el Instituto de La Salle; tres años después empezó a estudiar en el Gimnasio Moderno, el colegio de la clase alta cachaca. Según Eduardo Aldana, amigo y alumno de él en la Universidad de los Andes, allí, en el Moderno, se ganó el apodo de ‘babilla’, desde el día en que llegó con un pequeño caimán dentro de un costal. En esa época también despertó su interés y pasión por los toros, afición que lo acompañó hasta la vejez.

 

Su sed de conocimiento lo llevó a estudiar Derecho en el Colegio Mayor del Rosario. Pero le tomó tres años darse cuenta de que no tenía ningún interés en ser abogado. Decidió entonces dejar la carrera y viajar a Estados Unidos a formarse en las áreas que lo apasionaban. Se graduó con honores en Matemática, Física y Humanidades, en las universidades de Columbia y Princeton, donde siempre llamó la atención de sus profesores.

 

Una vida llena de genialidad y su educación lo llevaron a ser una persona curiosa, sabia y emprendedora. De vuelta a Colombia, con tan solo 24 años, lleno de ideas y bajo el modelo educativo norteamericano, Mario fundó la Universidad de los Andes. Su propósito era que la educación en el país entrara en la modernidad, de la mano de una institución que no dependiera de la iglesia ni de los partidos políticos, sino que fuera conocida por su calidad y librepensamiento. Hoy ya han pasado 70 años desde que ese propósito se hizo realidad.

 

Mario fue una persona muy dedicada con lo que hacía. Como fundador, en los primeros años de los Andes, él procuraba hacer todo. Era el jardinero, porque no había quién se encargara de la labor. Sacaba la plata para comprar la comida de la cafetería y, de paso, iba a mirar qué era lo que se ofrecía. Dictaba clases de cálculo y contrataba a los demás profesores. Era el hombre que manejaba la Universidad a pesar de que él no era el rector; sin embargo, se tomó muy en serio su responsabilidad como fundador.

 

Otra característica que destacó a Laserna por sobre los demás era que tenía muy buenos contactos internacionales. Fue el único colombiano interlocutor de Albert Einstein y lo convenció de apadrinar aquella institución, algo impensado en ese entonces.

 

Todo lo que hacía Mario era increíble. Siempre estaba en movimiento, iba de un lado a otro, hacía relaciones, contrataba profesores que en Europa estaban pasando situaciones difíciles después de la Segunda Guerra Mundial y los traía a Colombia, siendo esta una contribución muy grande, porque eran unos profesores inigualables, con mucha experiencia y conocimientos que empezarían a inyectarle a la Universidad la calidad que hoy la caracteriza. Además, los catapultó a dar clases y a dirigir facultades en universidades internacionales.

 

Según quienes conocían a Mario Laserna, trataba, en primera instancia, de ser muy buen profesor. Se preocupaba mucho por escuchar a sus estudiantes y depositaba toda su confianza en ellos. Cuenta Eduardo Aldana que en una clase lo conmovió mucho una vez que, en medio de un examen, le dio una jaqueca y él, con el miedo de que creyera que lo hacía para librarse del parcial, Mario, muy amable, lo llevó donde el médico, así muy sencillo, sin preguntar, confió en él.

 

Su legado no solo se ve reflejado en lo que hoy es la Universidad de los Andes, también se refleja en sus estudiantes. Siempre se preocupó mucho por la formación integral de ellos, por su crecimiento académico y personal. Quería que se abrieran un poco a otros temas de interés. Por lo tanto, en una de las primeras sedes de la asociación de exalumnos, él formó un grupo llamado ‘chocolates santafereños’. Un día a la semana hacía la reunión y les dictaba clase de ciencia política y de otras temáticas para que ampliaran su conocimiento y tuvieran otra visión del mundo.

 

Él les confiaba las ideas que estaba elaborando, era un productor de ideas extraordinario.

Era muy inquieto y siempre tenía el deseo de aprender más. Se iba a hacer internados en el exterior. Realizó un posgrado en filosofía en Alemania y uno de matemáticas en Estados Unidos. Cada una de las cosas que él aprendía las comentaba y trataba de que los ingenieros no solo se quedaran en eso, sino que pensaran más ampliamente.

 

Era amante de la controversia intelectual. Le gustaban los diferentes puntos de vista y, por lo tanto, invitaba a su casa a liberales, conservadores, comunistas y personas con distintas inclinaciones políticas, con la finalidad de enriquecer su conocimiento.

 

Los últimos años de Mario Laserna demostraron su gran inquietud y deseo por el conocimiento. Antes de volver a Colombia para radicarse en Ibagué, se vinculó como investigador del Santa Fe Institute of Complexity, uno de los más destacados centros de pensamiento independientes de investigación transdisciplinaria en sistemas sociales, científicos y tecnológicos, en el que interactuaban destacados científicos del mundo, incluidos varios premios Nobel. Una vez retirado en 1999, volvió al país y antes de que su vida se apagara un 16 de julio de 2013, poco antes de cumplir 90 años, en Ibagué, siguió con sus estudios de matemática pura, a pesar de su edad avanzada.

 

Mario siempre fue un hombre muy activo intelectualmente. Su pensamiento laico, propio, liberal y altruista fueron los pilares para fundar una institución que va más allá del deber, para formar profesionales con bases fundamentales que contribuyen a un país sediento de ideas geniales que, sin duda, hacen que en casi todos los ámbitos de la sociedad esté un Uniandino sembrando semillas.

Otros articulos de esta edición

Conoce cómo es el proyecto de viviendas universitarias de Los Andes.

Edición 42 | 318 visitas

Entérate de la reactivación de algunos de nuestros capítulos y la inauguración de la nueva sede de la Univerisdad de los Andes en Cartagena.

Edición 42 | 650 visitas
Artículos relacionados

Conoce cómo es el proyecto de viviendas universitarias de Los Andes.

Edición 42 | 318 visitas

Entérate de la reactivación de algunos de nuestros capítulos y la inauguración de la nueva sede de la Univerisdad de los Andes en Cartagena.

Edición 42 | 650 visitas