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Columna de opinión sobre los Uniandinos por el mundo


Escrito por: Carlos Salazar Vargas


“En realidad, el único momento de la vida en que me siento ser yo mismo, es cuando estoy con mis amigos.”

Gabriel García Márquez

 

 

Iniciemos recordando que los años que tenemos no son los de nuestra edad cronológica, sino aquellos que nos quedan por vivir. Son los únicos con los que contamos, pues los que cumplimos ya se fueron, y no sabemos cuántos nos quedan. Por eso “en vida, hermano, en vida”, y hacia allá va esta columna.

Con este cambio de perspectiva, podemos aseverar que el hecho de desconocer los años que tenemos es un buen recordatorio para quienes por distintas circunstancias estamos radicados en otros países, donde las reuniones para compartir con los amigos del alma Uniandinos, valiosos e inigualables, no son tan frecuentes.

No sé si pensando en eso, por el hecho de haber vivido en el exterior o por pura casualidad, se nos ocurrió hace ya varios años —cuando ocupaba la Vicepresidencia Nacional de Uniandinos— proponer la creación de la “RUM: Red de Uniandinos en el Mundo” como grupo de afinidad, con el propósito de tener una disculpa que intente desaparecer las fronteras, lo cual hoy es factible gracias a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC).

En el exterior no es nada común interactuar permanente con Uniandinos o con personas que tengan el soporte de la sólida formación que recibimos en nuestra alma máter, o que exhiban ese sentido de pertenencia que poseemos como “talante Uniandino” que, querámoslo o no, hace parte de nuestra “marca personal”. Con este gran legado único tenemos lo necesario para traspasar fronteras y hacer historia en otros lugares de esta pequeña aldea global. Apoyar ese capital es, sin duda, el gran reto de los líderes de hoy.

Surge entonces también la importancia de resaltar la amistad, hacer que prevalezca la unión, cuidar la convivencia, evitar los roces, los malos entendidos y las animadversiones, pues vale la pena recordar que un ser humano sin defectos existe sólo bajo la mirada de unos ojos enamorados. Infortunadamente, la realidad presiona para hacer visibles las evidentes imperfecciones humanas. Es imperativo entonces ser conscientes de nuestras deficiencias, y es en el entendimiento cotidiano que nuestros colegas nos hacen un gran favor al ayudarnos a conocerlas, comprendiendo que, al ser nosotros tan humanos como ellos, no estamos exentos de defectos. También es muy sano mejorarlos para que podamos limitar sus consecuencias.

Es por eso que debemos valorar y resaltar las virtudes de quienes nos rodean, para que al sentirse comprendidos —al igual que nosotros— tengan una mayor fortaleza para luchar contra sus defectos. Para ello, vale la pena traer a cuento lo que muy acertadamente recomendaba Joubert: “Cuando mis amigos son tuertos, yo los miro de perfil”. Mirémonos, entonces, de perfil entre Uniandinos como requisito indispensable para avanzar en esa esperada RUM.

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