SUSCRIBASE

Soy editor. Y confieso que cada vez más tengo la horrible sensación de que la lectura se está volviendo un mercado muy pequeño. Muy bien cualificado, es verdad, pero pequeño. Hacer libros hoy es casi un lujo. En un reciente informe metodológico, largo y complejo sobre las prácticas lectoras en América latina (Cerlalc, 2015) se están decantando las cosas.


Escrito por: Nicolás Morales Thomas


Primero porque la hipótesis del intelectual Bernat Ruiz se ha confirmado: la lectura profunda es hoy inevitablemente marginal. Dice Bernat: “El público en general solo recurrirá a los libros cuando sean la forma más eficiente de acceder a información de su interés. Ese público será casual, inconstante y voluble y se nutrirá de muchas fuentes si puede evitar un libro”. Parece ser cierto. Las prácticas digitales han complejizado la pregunta, algo tramposa, de cuanto leemos al día. Ahora nos la pasamos leyendo, pero ya no exactamente libros, sino miles de contenidos que fluyen en otros soportes y que corresponden a decenas de cosas diferentes: chats, artículos, memes, etc. ¿Son menos legítimos los minutos que se gastan en un texto breve de Facebook que dos horas en un libro de poesía? Uno diría que son simplemente distintos, pero sus implicaciones comienzan a verse poco a poco.

 

Por muchos años las agencias de lectura desvalorizaron la lectura de tiempos fragmentados. En nuestra cabeza, leer era un espejo en donde pasábamos horas ante una novela de aventuras. Ahora el telón de la brevedad se impone, con diversas consecuencias: primero, cada vez leemos menos textos extensos y completos. El fragmento se volvió rey. Con las evidentes afectaciones a la comprensión totalizante y al almacenamiento de información. Segundo, la lectura hoy tiene que ver mucho con la escritura. Por supuesto, la interactividad despliega una dosis inmensa de relativa participación que es tentadora. Pero eso acostumbra al lector a cierto tipo de textos, en desmedro de los no interactivos.

 

Tercero, pareciera que la lectura de ocio está siendo percibida como hiperintelectual y comienza a ser relegada como inútil o desgastante. Así pues, estamos en presencia de una nueva masa de lectores muy frágiles, casi mediocres, que fetichizan lo digital, pero que no tienen suficientes herramientas para entender los mundos leídos. Con excepciones, por supuesto. Algunos dirán que se han democratizado los accesos y que el libro era un producto de castas.

 

Eso es parcialmente cierto. Pero hay que probar que las nuevas tecnologías no solo crearon promesas de redención, sino que las cumplieron.

Otros articulos de esta edición

Entérate de la reactivación de algunos de nuestros capítulos y la inauguración de la nueva sede de la Univerisdad de los Andes en Cartagena.

Edición 42 | 14 visitas

El legado de Mario Laserna va más allá del deber. Contribuyó a un país sediento de ideas que, sin duda, hacen que en casi todos los ámbitos de la sociedad esté un Uniandino sembrando semillas.

Edición 42 | 10 visitas
Artículos relacionados

Entérate de la reactivación de algunos de nuestros capítulos y la inauguración de la nueva sede de la Univerisdad de los Andes en Cartagena.

Edición 42 | 14 visitas

El legado de Mario Laserna va más allá del deber. Contribuyó a un país sediento de ideas que, sin duda, hacen que en casi todos los ámbitos de la sociedad esté un Uniandino sembrando semillas.

Edición 42 | 10 visitas