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NOTA Este monólogo de La hija del pintor de la luz es el resultado de una larga conversación con Beatriz Gómez de Moreno, de 83 años, o Triz Go, como suele firmar sus obras la artista, quien durante casi tres décadas ha trabajado en la elaboración del catálogo razonado de las obras de Ricardo Gómez Campuzano, su padre. Su proyecto busca mantener el trabajo del artista en la memoria nacional. Se estima que la producción artística de Ricardo Gómez Campuzano está calculada en unas trece mil obras, que se encuentran en diferentes lugares del mundo. Ricardo Gómez Campuzano vivió 90 años, y durante 70 pintó de manera profesional. Hijo de padres antioqueños, este bogotano fue una de las figuras más destacadas del arte colombiano del siglo XX. Se le considera descendiente de la casa bogotana Gómez Saiz, la cual lo emparenta con Antonio Nariño y con el poeta José Asunción Silva. Desde el 2001, el Banco de la República administra la Casa Gómez Campuzano, donde Beatriz vivió con sus otros seis hermanos y su madre, Inés Delgado. La casa reúne más de cuatrocientas obras del artista y se constituye en una importante muestra de su extensa carrera como pintor. Agosto de 2017


Escrito por: Yulieth Mora


CASA

“Yo tendría doce años cuando nos pasamos allá. Recuerdo que en ese barrio no había casas, eran muy poquitas. Estaba la iglesita de Santa María de los Ángeles de Margarita Holguín y Cano, de resto eran lotes. Papá y mamá compraron ese lote; construyeron la casa en 1943. La idea de mi papá toda la vida fue preservar su obra, eso siempre lo tuvo en mente. Vivimos ahí muchos años. Luego viajamos a Canadá. Nos fuimos todos. Estuvimos bastante rato allá. Yo estudié Bacteriología. Mis padres regresaron antes, con mis dos hermanas mayores, y nosotros nos quedamos estudiando allá; después ya volvimos a la casa. Vivimos ahí hasta que nos casamos todos. Después papá y mamá hasta que murieron. Luego siguió la Asociación trabajando; ahora la tiene el Banco de la República, que hicieron una muestra muy bonita”.

COLOMBIA

“Luego de hacer carrera en Bogotá en la Escuela de Bellas Artes, papá se ganó una beca y se fue a Madrid, pero antes hizo un viajecito por Europa y conoció al pintor impresionista Joaquín Sorolla. Quedó encantadísimo en cuanto a sus temas costumbristas y se metió a sus cursos magistrales. Eso hizo una impresión muy grande y positiva para su

trabajo porque cuando él regreso ya definitivamente a Colombia se dedicó no solo a hacer lo que le gustaba, sino a dejar una historia a través del pincel. Una historia de Colombia, de costumbres, personas, paisajes. Ahí queda, en el poco de vida que él vivió, el registro de la historia de Colombia en pincel”.

CATÁLOGO RAZONADO

“Me dio por entrar a estudiar Artes Plásticas a la Universidad de los Andes. Yo ya estaba casada. Mis hijos ya estaban por graduarse. En esa época, Fernando Dávila, el pintor colombiano, me dijo que era importante hacer un catálogo razonado de la obra de papá. Me explicó que un catálogo era una recopilación de todas las obras, y razonado era que debe tener toda la información. Dijo que era un proceso largo y duro. Así que dije: ‘ni modo, Fernando está soñando’. Cuando entré me di cuenta de la importancia de la obra de papá y de que él era sui géneris, porque nos educó a siete, nos dio carrera a todos. Vivía de su pintura. Aprendí lo máximo para ver cómo diablos iba a hacer el proyecto del catálogo. Comencé el catálogo en 1991, hasta el 2010. Son diecinueve años. Lo he seguido. Siempre me llaman personas diciéndome: ‘un amigo mío tiene un cuadro’. Eso es así, como halando una cuerdita. La obra de papá es de trece mil obras, aproximadamente. En el catálogo no hay sino 1.366, quedan el resto por investigar. Desde el 2010, que publiqué el catálogo, lo dejé abierto, estilo enciclopedia, con el objetivo de emitir apéndices. Cada doscientas o trescientas obras haces un apéndice. Ahora el archivo lo tiene la Universidad de los Andes. Yo lo doné para que lo continúen; estoy tratando de comunicarme con ellos porque no ha crecido mucho el catálogo; sigo ayudando, pero lo que conseguí es prácticamente lo que se ha logrado. Yo necesito que sea tratado como un programa y no como una investigación. Es la Universidad la que tiene que coger las riendas, tal vez no se dan cuenta de la importancia de lo que les di, y yo ya estoy doblando la esquina”.

EL PINTOR DE LA LUZ

“Papá no fue organizado en ese sentido de la información sobre sus obras. Él trabajaba y vendía, seguía siempre adelante. Su búsqueda era la luz; interpretar la luz. Él buscaba alejarse de la academia. Porque la máquina de fotografía ya existía; lo que quería era hacer algo diferente a lo que hacía la cámara, porque la cámara era competencia para los pintores impresionistas. Mi papá buscaba la luz y la simplificación de las formas. Fue a lo que llegó, a lo último. Era muy disciplinado. Normalmente se levantaba a misa de siete de la mañana. Empezaba su día, desayunaba y subía a su estudio. Trabajaba únicamente con la luz del día. Trabajaba hasta las 12:30 del día. Bajaba a tomarse un café o medias nueves, pero luego subía a su estudio. Venía a la hora del mediodía, almorzaba, echaba una pequeña siesta y subía a pintar hasta que se fuera el sol. Papá pintó a muchos conocidos, personas que querían regalarle un retrato a su esposa, a sus hijos. Su taller era inmenso. Te lo voy a mostrar; en mi

libro [El pintor de la luz: Ricardo Gómez Campuzano, 1891-1981. Bogotá: Panamericana, 2003] lo tengo. Papá trabajaba solo, no le gustaba que lo molestáramos. Pero sí le gustaba que estuviéramos cuando él podía recibirnos. Así era la casa. Aquí está el salón verde. El piano. Yo tocaba el piano, estudié en el Conservatorio. Mamita lo compró para hacer conciertos. Cuando hacían conciertos, él me ponía el piano; era muy familiar, muy alegre, buena gente. No era regañetas, pero cuando llamaba la atención era en serio”.

LUZ ARTIFICIAL

“Él considero que su mejor obra fue Luz artificial (1934). Resulta que el manejo de la luz ahí es excepcional, porque tiene tres fuentes de luz: la luz oscura del estudio, de la bombilla y de la ventana, que entran ahí y hacen toda esa función en el modelo, que es mamá. Tiene las luces más difíciles. Ya cuando estaba viejito se estaba quedando ciego. Tenía un problema en la mácula. El doctor le dijo que no había nada que hacer sino ponerle lentes de contacto. Él siguió sirviendo su paleta en la misma forma; aunque no veía bien los colores, él sabía dónde estaban y los seguía sirviendo en el mismo sitio. Él cerraba sus ojitos. Tenía unos lentes de contacto y se le perdían. Debieron quedar pegados en alguna pintura porque se le perdían a cada rato. El tipo de trabajos de esa época, hasta que murió, son tirando al carmín de garanza, en paisajes y retratos. Por ejemplo, el resultado final de su autorretrato, si lo pones a blanco y negro, se puede ver que el estudio de la luz sigue siendo igual, aunque no sea la misma técnica. Es simplificación de las formas y tratamiento de la luz. Él murió en el 1981”.

TRIZ GO

“Yo pinto más que todo en la finca, en Cajicá, porque acá es difícil. Allá tengo el piano de estudio y el de concierto. La ciudad es muy aburridora y el tráfico es muy harto. Yo le digo a mi Dios: ‘ponme harto trabajo para que no me duela nada y cuando me llames, me llamas de una vez’. Ahora están organizando una exposición en Cajicá y me invitaron de jurado. Sí, siempre estoy muy ocupada, porque uno va dejando las cosas así, que porque me duele aquí y aquí. Y no. Ahora doy un taller en Uniandinos que se llama: Aprendamos a mirar e interpretar la luz. Justo eso fue lo que papá me enseñó. El taller es para la gente que quiera pintar y quiera aprender. Les explico exactamente de qué se trata. El sol da la vuelta alrededor del mundo, por la mañana amanece, por la tarde se oculta. Es importante que sepan eso. Incluso para las obras de arte abstracto. Pueden utilizar todos esos principios y les van a quedar unas obras chusquísimas. Si aprenden a manejar los colores como toca pueden lograr obras de envergadura, no inventadas, ni que sean experimentales, algo realmente estudiado bajo un punto de vista. Lo que yo trato de hacer es compartir con los que quieran eso poquito que sé, lo que papá me enseñó”.

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