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Nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo de ciertas personas y para él eso es importante que lo sepan los tomadores de decisiones. Contó con la fortuna de un papá que le dio un espacio en su oficina para montar ahí su consultorio, una esposa que lo apoyó a pesar de que ella tenía que sostener el hogar en un principio y la amplia mayoría de las personas no tiene ninguna de las dos, ni infraestructura, ni gente que los apoye, ni tranquilidad económica.


Escrito por: Emerson Martínez Velásquez


Desde Casa Blanca, un cowork para organizaciones que trabajan entorno al impacto social, sean con o sin ánimo de lucro; un lugar de esparcimiento en donde se apoya el surgimiento de personas que quieran mejorar la vida de otras, vive la mayor parte de su día Juan Carlos Lozano. Bogotano, nacido en un hogar muy tradicional e influenciado por la ingeniería y los temas sociales se vio motivado, desde los 11 años, a participar en un programa internacional con la CISV, una organización internacional de intercambio de jóvenes, la cual tiene la creencia de que la paz duradera es posible mediante la enseñanza de cómo vivir juntos como amigos y llevando a cabo programas interculturales que se enfocan en niños y jóvenes.

 

En dicho programa compartió con niños de todas partes del mundo y a muy temprana edad se le abrió el mundo radicalmente. Juan tenía amigos en India, Alemania, Francia, Suecia, entre otros, y cuando en los noticieros hablaban de aquellos países, ya no era una cuestión ajena para él. Se escribía con ellos, había generado lazos importantes y a partir de ahí se dio cuenta que había personas muy diferentes y que la riqueza está en la diversidad, en no ser todos iguales, en poder discutir y debatir. “Creo que fue una primera experiencia que me ayudó mucho, más allá de hablar en otro idioma y tener esa apertura. Hoy en día es fácil porque uno respira globalización en todo lado, pero antes era muy difícil ese tipo de accesos. Tener amigos de otras religiones en un país tan católico y cosas de ese estilo me ayudó a identificarme como colombiano y posteriormente como latinoamericano, valorando lo que tenemos y lo especiales que somos en comparación con otras latitudes y otras culturas. Pude evidenciar los aspectos negativos y darme cuenta qué es lo que no sucede, ver que a veces no somos tan colaborativos o poco cooperativos y por ese lado también aprendí a adquirir un compromiso con que las cosas sean distintas”.

 

A los 15 años Juan Carlos comenzó a trabajar como voluntario en CISV, en donde aprendió a organizar proyectos y manejar presupuestos, y en tan solo 4 años, a los 19, fue nombrado representante de todos los jóvenes de la organización. Estudió Relaciones Internacionales y Gobierno en la Universidad Externado de Colombia y durante esa época se la pasaba viajando a dar talleres, a trabajar con jóvenes de distintas regiones y países para ayudarles a organizarse, a generar proyectos y sacarlos adelante. Todo el tema de gestión de proyectos lo aprendió desde la praxis. Sin embargo, su meta era entrar a la carrera diplomática. Terminando la carrera un profesor muy amigo y muy cercano de Juan, le dijo “yo a usted no lo veo para nada como diplomático, usted es un tipo creativo, un tipo de iniciativa, ese no es un lugar para usted. Es para otro tipo de personas y pues usted solo piense si va a aguantar 26 años en una misma institución para poder llegar a tener un rango de embajador, piense si eso es lo que usted quiere y si es la esencia suya”.

 

Juan hizo su práctica en Ginebra, Suiza, en la embajada de Colombia ante Naciones Unidas y su plan seguía encaminado a ser diplomático. Al regresar al país ingresó a la embajada británica en donde trabajó 4 años, primero como asistente de proyectos y luego como gerente de proyectos a cargo de todo el programa de cooperación británico. Posteriormente trabajó en la Alcaldía de Bogotá, pero duró poco tiempo porque las condiciones no eran buenas ya que fue en toda la época de corrupción y cuando empezó a ver cosas raras no las dejó pasar, por la educación que había recibido, y terminó renunciando.

 

En 2011 tomó la decisión de montar su primera empresa, Azaí Consultores. Esta se ha dedicado a adelantar proyectos de consultoría que han ayudado a varias ONG, entidades de gobierno, empresas de cooperación, empresas que trabajan en el marco de la responsabilidad social y que toda su actividad que genera impacto social tenga el mayor nivel de impacto posible y puedan aprender de eso. Todo partiendo por un componente cultural muy fuerte como es la innovación metodológica basada en TICs.

 

Trabajó con el CISV hasta el 2015 y se retiró, siendo miembro del consejo directivo global de la organización. En todo ese tiempo hizo varias reformas y colaboró en la creación de un programa que trabaja en proyectos de educación para la paz local, entendiendo ésta como la convivencia pacífica en las ciudades, ejecutando más de 150 proyectos de esta índole en todo el mundo. “Fue un momento de mucha inspiración, de tacto, de mucho roce con las personas que piensan distinto y que trabajan hoy en varias partes”, afirma Juan.

 

Hizo su maestría en Estudios del Desarrollo en el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Desarrollo (Cider) de la Universidad de los Andes y así mismo, una especialización en gestión regional. “Debo decir que a la maestría le puedo atribuir muchas cosas que terminaron pasando para lo que hoy en día es la empresa, especialmente en Azaí consultores. Todos los temas de construcción de confianza, de capital social, de temas relacionados con resolver asimetrías de información, toda esa carga institucional que tiene Azaí en su ADN viene del Cider. Eso es una marca innegable y pude divertirme académicamente haciendo la maestría”.

 

Para Juan Carlos ha sido un proceso fuerte haber iniciado su camino como emprendedor. Siendo un diplomático haber trabajado en la embajada británica le abría muchas puertas y tenía un fácil acceso a cualquier ministerio, cualquier viceministro, y en cualquier momento. “Sin embargo, al bajarse de la nube para ser un emprendedor común y corriente, y empezar de cero comienzas a notar que la gente te mira distinto, que la gente ya no está a la expectativa de ciertas cosas. No fue fácil, pero sí muy enriquecedor darse cuenta que todos somos iguales y que nadie es más que nadie por el cargo que tiene sino por lo que tiene adentro. Lo otro es que te ayuda a la tenacidad que llevas dentro. Los seres humanos nos adaptamos a lo que el mundo nos ponga por delante, uno lo que ve es que los colombianos somos muy resilientes, nos ponemos de pie después de caernos y el emprendedor en medio de todo es alguien que quiere crecer en tenacidad, coraje y está dispuesto a trabajar por ello cueste lo que cueste. Esto es alguien que fuera del emprendimiento nadie entiende, que se requiere procesos internos para ser un emprendedor exitoso.

 

Otra cosa que aprendí es a liberarme de la plata. Es increíble hasta que tenemos que vivirlo en carne propia lo esclavos del dinero que somos hoy por hoy. Nosotros tomamos muchas decisiones con poca libertad, porque el dinero nos la ha quitado y eso lo sentí cuando dejé de recibir un salario y no vivir de eso, ahí aprendí que eso no tenía que ver con mi felicidad y que yo tenía que hacer cosas para lograr mi satisfacción. Me di cuenta que podía vivir sin el dinero de una manera distinta y eso fue liberador”.

 

Desde pequeño Juan tiene amor por el conocimiento y esto le ha servido en varias etapas de su vida. Trabajó en una época como docente investigador en el Externado y ahora que es emprendedor le ha permitido no dejar de aprender nunca, a veces aprender a las malas, pero aprender de todo. Además de sus estudios de pregrado y maestría, le ha tocado aprender de mercadeo digital, de modelos de negocio, temas administrativos y tributarios y de talento humano, de código, de estructuración de bases de datos y articulación de sistemas de información, cosas que nunca tuvieron nada que ver con su carrera, pero ese amor y esa pasión por capacitarse es algo que respira a diario y es lo que ha ganado en todo este proceso.

 

Nada de esto hubiese sido posible sin el apoyo de ciertas personas y para él eso es importante que lo sepan los tomadores de decisiones. Contó con la fortuna de un papá que le dio un espacio en su oficina para montar ahí su consultorio, una esposa que lo apoyó a pesar de que ella tenía que sostener el hogar en un principio y la amplia mayoría de las personas no tiene ninguna de las dos, ni infraestructura, ni gente que los apoye, ni tranquilidad económica. “Creo que muchas veces estamos metidos en la idea de que quien sale a pedir plata es para que lo mantengan y la verdad es que a las empresas nuevas y revolucionarias hay que ponerles algo para que tengan el tiempo adecuado para el ensayo y error, para llegar a las ideas grandiosas y geniales. Qué hubiera sido de Apple si Steve Jobs no hubiese tenido el garaje de sus papás”, afirma Juan.

 

“Uno no trabaja solo y ese es el tipo de cosas que hay que romper, un aliado muy importante durante todo este proceso ha sido Uniandinos, desde toda su área de Responsabilidad Social y toda su área de Redes de trabajo con egresados que se desenvuelven en el sector social. Han sido un apoyo muy fuerte, tengo un montón de gratitud con la Asociación porque ha cumplido con esa labor de darle valor a los egresados y de no solo sumar sino multiplicar.

 

Creo que he aprendido que soñar grande es posible y que en Colombia se puedan plantear organizaciones que generen transformación positiva en las personas y es algo que le hemos podido aportar al talento humano que ha trabajado con nosotros y a nuestros socios. ¿Por qué no pensarse que desde nuestro país hay soluciones que le cambian la vida a mucha gente?, la respuesta a esa pregunta es por lo que trabajo y es el legado que anhelo dejar”.

 

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