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La sociedad, en todos los rincones del mundo, participa activamente del fútbol como fenómeno social. Se le considera de esta forma ya que, con el paso del tiempo, ha trascendido el ejercicio simple del deporte y de su espectáculo. En torno a este se construyen identidades. No es solo una identificación con un seleccionado, es que las personas se entienden y se relacionan con los demás en tanto ‘hinchen’ por el mismo equipo. Y este fenómeno sucede en todos los países del mundo durante la Copa, incluso aquellos que no clasificaron para jugarla. Un Mundial es un evento simbólico. Es el encuentro de varias naciones y de todos los continentes, con la finalidad de definir quién es el mejor. Y como tal, se convierte en algo muy representativo y con repercusión cultural.


Escrito por: Emerson Martínez Velásquez


Cada cuatro años somos testigos de un evento que, por un mes, distrae la atención de fanáticos y no tan fanáticos del fútbol. El mundo se sumerge en un estado de emoción que es, para algunos, incomprensible, y la gente parece olvidarse de los problemas cotidianos. O eso es al menos la perspectiva que se tiene desde afuera de cada sociedad. Sin embargo, este evento, la Copa Mundial de la FIFA, es capaz de hacer que las personas se identifiquen y tengan sentido de pertenencia por su nación, aun cuando esta, quizás, no les haya devuelto con la misma gracia el cariño que ellos desbordan durante el lapso en el que se juega el torneo de selecciones más importante de todos.

 

El fútbol es uno de los deportes más incluyentes que existe. Y es así considerado porque no es necesario tener mucho dinero para practicarlo, por lo que se convierte en un escape en quienes son parte de los sectores más pobres y desfavorecidos, ayudando a su expansión por todos los rincones del planeta. En cualquier momento y en cualquier lugar se puede organizar un partido de manera improvisada. Es algo que probablemente todos hemos hecho alguna vez. Los jugadores que se necesitan son mínimos y tan solo basta un par de camisetas para cada portería, o dos árboles, o dos piedras, o cualquier objeto que pueda simular los arcos; una pelota, si es que la hay, o si no, es suficiente una pelota hecha con medias o papel, como en su tiempo lo hicieron jugadores que pasaron a la historia: Di Stéfano, Pelé y Maradona. Además, no son necesarios los guayos. Se puede jugar descalzo. El fútbol se abstrae de consideraciones económicas y se acerca de manera incondicional a todas las clases sociales, lo que hace más grande esta industria que hoy en día capta la atención de todos, y con más fervor durante el Mundial de fútbol.

 

La sociedad, en todos los rincones del mundo, participa activamente del fútbol como fenómeno social. Se le considera de esta forma ya que, con el paso del tiempo, ha trascendido el ejercicio simple del deporte y de su espectáculo. En torno a este se construyen identidades. No es solo una identificación con un seleccionado, es que las personas se entienden y se relacionan con los demás en tanto ‘hinchen’ por el mismo equipo. Y este fenómeno sucede en todos los países del mundo durante la Copa, incluso aquellos que no clasificaron para jugarla. Un Mundial es un evento simbólico. Es el encuentro de varias naciones y de todos los continentes, con la finalidad de definir quién es el mejor. Y como tal, se convierte en algo muy representativo y con repercusión cultural.

 

Un fenómeno económico

 

A pesar de que el Mundial se juega a más de 12 mil kilómetros, en Colombia se vive de igual modo la ‘fiebre mundialista’. En el país, la industria del fútbol no es tan poderosa como en otros países. Sin embargo, se vive todo un fenómeno económico alrededor de este deporte y más en esta época. Este evento es una excusa para vender cualquier cosa. Desde objetos que sí tienen que ver con el fútbol, como televisores, por ejemplo, cuya venta se dispara cada cuatro años para ver los partidos del Mundial; hasta otro tipo de elementos que hacen parte de la economía informal como gorras, camisetas, llaveros y productos de cualquier tipo que se venden más en esta temporada por la emoción de los aficionados. Lo que se traduce en una activación de la economía en ciertas áreas, dentro de la cual los grandes beneficiados son los almacenes especializados en electrodomésticos, la economía informal, y el consumo en restaurantes y bares.

 

Pero no todas las áreas son beneficiadas por esta temporada. Las agencias de viaje sufren las consecuencias de los pocos cupos que le proporciona la FIFA a Colombia en el tema de boletería, y por la gran cantidad de personas que deciden quedarse para ver el Mundial.

Samy Bessudo, presidente de Aviatur –aliado de Uniandinos-, nos dio un panorama de cómo se frena la economía en cuanto a viajes en nuestro país y cómo hacen para sacarle el mayor provecho a una situación que, a simple vista, parece ser negativa.

 

“El aumento de viajeros durante la temporada mundialista no es representativo. En cuanto a la economía es muy pequeño lo que se activa. Son unos cupos muy restringidos y, además, hay otro tema coyuntural que son las elecciones. Mundial, elecciones, la gente se queda, no viaja, incertidumbre, incertidumbre política, a la hora de la verdad la economía se frena. Esa es mi percepción. Nosotros no lo hemos sentido, pero históricamente siempre que coinciden Mundial y Elecciones, estos dos factores frenan la economía en cuanto a viajes. A nosotros siempre nos toca esa realidad. El mundial genera una racha de alegría en donde la gente prefiere comprar el televisor, reunirse con los amigos y quedarse en la casa. Los que van al Mundial son unos cuantos, pero no es un número exorbitante y que mueva el rubro de la economía en Colombia”, expresa Bessudo.

 

Además, la logística en el tema de las boletas es otro factor que impide a las agencias involucrarse con el Mundial directamente. “Nos hemos involucrado en el tema mundial en años pasados y no con experiencias muy gratas, sobretodo por incumplimientos de aquellos que tienen las boletas. Siempre hay problema con ellos. Revenden cupos, boletas y, como proveedor, siempre terminamos sufriendo la logística del Mundial. Realmente no es un tema fácil de vender por lo desgastante. Y también hay que tener en cuenta que no es un rubro enorme los cupos que le asignan a Colombia respecto a los demás países; digamos que el país tiene un cupo limitado. No es lo mismo la conectividad aérea que tiene Europa a Rusia o Estados Unidos a Rusia, que la de Colombia a Rusia, por eso es limitado el número de viajeros: por mucho 5.000 y es muy exagerado lo que digo. Pero no es para masificado, por lo tanto, no es rentable. Por lo menos en esta ocasión,” concluye el presidente de Aviatur.

 

Así se vive el Mundial en Colombia

 

Durante el Mundial todos “nos ponemos la camiseta”, incluso aquellos que no saben ni entienden nada de fútbol. Pero eso no importa, o importa menos. Lo determinante es la forma en que las personas se conectan por medio de esa identidad que genera la Selección Colombia. Santiago Silva, antropólogo Uniandino y fanático del fútbol, analizó desde su campo profesional cómo los colombianos se identifican más con la Selección Colombia de fútbol que con los simbolos patrios de la fundación: “si uno mira la historia de Colombia, es fácil darse cuenta que en el proyecto de la fundación nacional, desde la independencia, nunca se fraguó realmente una identidad nacional colectiva que cohesionara a todas las personas que viven en este territorio en un proyecto de país. En eso, los próceres y los "padres fundadores" de Colombia tuvieron muy poco éxito. En cambio, la Selección Colombia ha sido muy exitosa en muy poco tiempo. En los 90 llegaron los primeros éxitos de la Selección a nivel internacional y eso cimentó lo que hoy en día es ese fenómeno masivo y multitudinario que es la fiesta del fútbol en nuestro país”.

 

Hoy en día, un partido de la Selección es un evento de relevancia nacional. A partir de esos éxitos nacionales es una idea que se ha ido arraigando; por ejemplo, desde que la Selección en 1985 se empezó a vestir con los colores de la bandera, y especialmente gracias a la participación en tres mundiales consecutivos (1990, 1994 y 1998), el equipo nacional se convirtió en un motivo de representación y, por lo tanto, de identidad. No por nada, actualmente, goles como el de Fredy Rincón en el empate ante Alemania en el Mundial de Italia 90; la clasificación de Colombia al Mundial de Estados Unidos 94, tras ganar 5-0 contra Argentina, o el gol de James Rodríguez contra Uruguay en los octavos de final de Brasil 2014, son momentos que marcaron hitos para la construcción de una identidad nacional colectiva, y en ese sentido son los momentos más importantes y más recordados de la historia nacional, por encima de eventos históricos como batallas, firmas de acuerdos o la misma Constitución de 1991.

 

Alejandro Pino, periodista de Fox Sports y con amplio conocimiento cultural relacionado con la industria del fútbol, tiene claro lo que sucede cada vez que juega la Selección y cómo el país se une y deja todos lo problemas a un lado. “La Selección se asume como una reunión de lo mejor de diferentes grupos. Hay representantes de todas las regiones, de todas las razas, de diferentes equipos y de diferentes edades. Al ser los representantes de la nación les otorgamos valores que quisiéramos que tuviera la nación misma: son berracos, son fuertes, no le temen a las adversidades, trabajan como equipo, son orgullosos y ganadores. De ahí que cuando pierden, cuando fracasan, el discurso cambia y ya no son representantes del colectivo nacional: si la Selección pierde, pierden ellos, los jugadores y técnicos; los colombianos, con nuestro serio problema de autoestima, producto de años de pobreza, de mala imagen, de fracasos institucionales, nos agarramos de triunfos, necesitamos hacerlo, no de las derrotas. Por eso, cuando hay una victoria de la Selección "ganamos" y cuando hay una derrota, "perdieron". Para perder está la vida real, no esa imaginada”, argumenta Pino.

 

Un Mundial de fútbol, y el deporte como tal, no es solo, como dicen popularmente, “22 hombres corriendo detrás de un balón”. Alrededor de este juego y este evento existe el negocio, los sentimientos de las personas y la identidad de todo un país que, durante un mes, se transforma para obtener un provecho económico, sanar alguna herida y olvidarse de los problemas del día a día. Es, por lo tanto, una apuesta de gloria para una nación aún en plena maduración y en busca de mejorar su autoestima ante el resto del mundo.

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