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Escrito por: Yulieth Mora


 

Es una tarde de julio de 2016. Fanny Sanín nos recibe en el lobby del EK Hotel, en el norte de Bogotá. Lleva un par de días en la ciudad para asistir a varios compromisos; uno de ellos es el acto de cierre de la exposición En Abstracto, que se exhibió para el público durante un año en el Museo Nacional de Colombia. Otro, para inaugurar una Exposición Itinerante de su obra en el Museo Rayo, en Roldanillo (Valle del Cauca). Después, Medellín, y de nuevo, Bogotá. Está cansada, lo advierte.

Entre las manos sostiene varias guías de estudio de su obra, por si tiene que explicar preguntas que le hacen todo el tiempo: ¿Por qué y en qué momento su obra se transforma hacia la geometría? Siempre tiene que explicarlo: “Mi obra no ha cambiado drásticamente. Nunca. Ha sido toda una evolución, eso sí. Una vez hice una exposición y un crítico argentino me dijo: ‘Fanny, vas a pasos gigantescos hacia la geometría’ y dije: ‘Está loco, ¿cuál geometría?’”, lo dice mientras abre los folletos y muestra una de sus primeras obras, la que envió a la competencia del Salón de Artistas Nacionales en 1962, luego de graduarse de la Universidad de los Andes, la primera que expuso, la misma que ubicaron junto a artistas como Manzur, Villegas y Roda, que habían sido sus profesores, la obra que ha vuelto a su lugar porque la donó –junto a otras ocho– al Museo Nacional de Colombia, recientemente: el Óleo No. 1B.

“¿Salió el sol?”

Foto Fanny Sanín1PQ

Foto: Olga Lucía Mora 

“Cuando vivía en Monterey (México) era muy simpático, porque las amigas me invitaban a tomar té, y siempre decía que ‘no’ porque estaba trabajando… Sí, creo que uno sacrifica muchas cosas, pero creo que valió la pena. Me siento muy realizada con lo que hago, con mi pintura… el día que no pinte, ese día, me siento mal. Necesito esto”.

“Para mí la luz es muy importante. No trabajo con luz artificial. En Londres era terrible, lo primero que le preguntaba a Mayer –mi esposo– era: ‘¿Salió el sol?’. Cuando era invierno, oscurecía muy temprano… A veces hace un día bellísimo como para ir al parque, pero ese día tengo que trabajar porque hay buena luz”.

Fanny Sanín y Mayer Sasson vivieron en México y Londres pero desde 1971 viven en Nueva York, “una ciudad estimulante pero apabullante”, dice ella. Vienen a Colombia cada año, y sólo sábados, domingos, o los días de viajes como estos, ella no pregunta si el sol salió, “cuando viajo ni siquiera me traigo nada para pintar, me gusta ver a mis amigos, ver la ciudad”.

Mayer es ingeniero eléctrico de la Universidad de los Andes. No lo conoció en el campus, sino trabajando, ella para Linearte, el estudio que fundó con su hermana Rosa Sanín, quien también fue artista y Uniandina; y él para la firma Ingetec. Compartían el mismo edificio. Meses después, la boda, luego un avión hacia Illinois, luego México, Londres, Estados Unidos.

“Uno se va quedando, vivir en otros países, sus culturas, lo que estás viviendo, los museos, todo lo que uno hace, le enriquece, lo nutre, y aunque no sea una influencia posiblemente dentro de uno, eso sucede de manera inconsciente”, dice la artista.

“No es fácil llegarles a las personas”

Foto Fanny Sanín 2PQ

Foto: Olga Lucía Mora 

La obra de Fanny Sanín es vital en la pintura abstracta colombiana y latinoamericana. Sus estudios sobre composición, forma y color son largos, íntimos, incansables; hoy, la simetría es principal y el pincel no se nota, “mucha gente me pregunta: ‘¿Luego, ya no llegaste a la meta?’. Pero si uno llega a la meta, entonces se acabó. Creo que el mundo de la abstracción sigue siendo importante”.

El lenguaje de su trabajo es pictórico, sus obras están numeradas, y esa es la muestra de un búsqueda en la abstracción pura, “No le pongo nombre a las obras, sería ficticio ponerle uno, porque no están contando una historia y sería inventarla… por eso es que la gente se pierde mucho, se frustran porque no hay una historia… pero a veces la gente que no tiene ni idea del arte tiene menos prejuicios, porque le llega algo, le llega el color. Es difícil que la gente entienda el arte abstracto, no es fácil llegarles a las personas”, explica Sanín. “Yo creo que el espectador podría estudiar un poquito más”, remata.

“Siempre hay música cuando estoy pintando”

Foto Fanny Sanín 3PQ

Foto: Olga Lucía Mora 

Fanny Sanín tiene 79 años.

En 2015, la Universidad de Antioquia le entregó el Título Honoris Causa de Magíster en Artes, que no se esperaba, porque no estudió allí. Su obra ha sido expuesta en Roma, Nueva York, Bogotá, Ciudad de México, Barranquilla, Venezuela, Londres, Texas, Madrid, por nombrar algunos lugares; ha estado en las galerías y los museos más importantes del mundo; su legado internacional y la trascendencia de su obra ya viven en la historia del arte colombiano.

En su taller en Nueva York, de nueve de la mañana a cinco de la tarde, se escucha música mientras trabaja; le tomó el gusto después de años de escucharla en casa. Confiesa que le gustaba escuchar vallenatos, aunque Rosa, su hermana, se pusiera “molestísima” con ella, “Ahora escucho de todo, para trabajar, más que todo la música clásica; me gusta la música popular de muchos países, folclórica, árabe. Siempre hay música cuando estoy pintando, me rodeo de ese ambiente, me aíslo de los ruidos de afuera. A veces lo paro por un rato y me queda el silencio”.

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