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Según el DANE, el 31 de diciembre de 2016 Colombia tenía 49.021.139 habitantes, de los cuales 4.068.000 vivían en situación de pobreza multidimensional. Es decir, tenían un alto grado de vulnerabilidad en términos de vivienda, educación, salud, trabajo y acceso a servicios públicos


Escrito por: Lina María Ayala


Si bien es común escuchar expresiones como: ser agente de cambio, ayudar a cambiar el mundo, tejer redes, igualdad, equidad, voluntariado y ayuda, no es un secreto que Colombia, aun siendo un país muy rico en biodiversidad, culturalidad y una potencia económica en Suramérica, es el octavo país más desigual del mundo, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD.

A pesar del panorama que refleja la realidad de un país que en ocasiones invisibiliza a los habitantes vulnerados, existen fundaciones que dedican todos sus esfuerzos a contribuir al desarrollo y a la sensibilización de quienes tienen todo en sus manos para ayudar, pero que por el afán del día a día y de sus obligaciones olvidan el valor de la solidaridad.

La Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, ANDI, cuenta con una fundación dedicada a ayudar a más de 1.000 empresas asociadas para que hagan inversión social eficiente. Tiene un portafolio de productos y servicios para contribuir a que el dinero que invierten las empresas vaya a proyectos sociales pertinentes, que además de estar alineados con el negocio sean sostenibles y que realmente generen impacto en las comunidades a las que llegan.

La uniandina Isabella Barrios es la Directora Ejecutiva y Gerente de Arquitectura Social Estratégica de la fundación. Es economista de la Universidad de los Andes y tiene una amplia experiencia en el sector público. Para Isabella, el voluntariado “es esa primera puerta para encontrar lo que lo hace feliz a uno. Es ayudar a los demás y no es tan difícil hacerlo. Ser voluntario no implica tener que hacer un cambio de vida, ni renunciar a una cantidad de cosas si uno es capaz de encontrar en su rol normal, en su empresa o en donde trabaja, una manera de servir y ayudar a los demás”.

Es precisamente ese el propósito de la Fundación ANDI: mediante la campaña ‘Vamos Colombia’ muestra las acciones que el sector privado realiza en regiones que han sido vulneradas por el conflicto; para Barrios, esto se traduce en “trabajar en temas de construcción, de reconciliación y de juntar los países tan diferentes que tenemos en un mismo país”. Con esta campaña movilizan a un grupo de voluntarios de las empresas asociadas a la ANDI, quienes durante 5 días trabajan en obras físicas o talleres de temáticas que las comunidades han pedido. Trabajan en conjunto con cuadrillas del Ejército y con la Agencia para la Reintegración y Normalización, llevan a estas comunidades espacios de trabajo en equipo, donde todos los actores se dan cuenta de “que cuando estamos trabajando hombro a hombro, sembrando un árbol o pintando una pared somos exactamente iguales, así yo haya sido un excombatiente, sea un sargento de la policía o un gerente de una planta”, afirma Barrios.

Lo anterior no solo ayuda a la reflexión de las personas luego de vivir la experiencia, sino que al regresar a la vida cotidiana se vuelven agentes de cambio en las empresas. Según Isabella, “llegan muy transformadas y empiezan a imaginarse más cosas que en la empresa podrían empezar a hacer para ayudar a las comunidades”.

Lo más enriquecedor de estas acciones es poder eliminar el imaginario colectivo de creer que ayudar es sinónimo de hacer algo que las personas de las comunidades no saben o que se tiene algo que los demás no. Tras esta experiencia, los voluntarios aprenden que “esa vivencia y esas comunidades les enseñan a ellos mucho más de lo que ellos le enseñaron a la comunidad. Son espacios de aprendizaje mutuo, en los que la gente que está en la ciudad se da cuenta que no es que yo sé y allá no saben o es que yo tengo y voy a llevarles, porque no es un tema de desigualdad”, afirma Barrios.

Durante 2017, la fundación hizo presencia con sus voluntarios en Chaparral, Tolima; Quibdó, Chocó; San Carlos, Antioquia; Catanzama, Magdalena; Buenaventura, Valle y Florencia, Caquetá. Para Isabella, el mayor aporte de estas acciones es “que la solidaridad se vuelva algo común y corriente, que, así como uno sabe que como ciudadano uno tiene derecho y deber de ir a votar, uno debería saber y entender que uno tiene derecho y deber de hacer voluntariado por lo menos una o dos veces al año para ayudar a alguien y para que ese voluntariado lo ayude a uno para crecer como persona”.

En lo personal, Barrios –con un profundo compromiso- asegura que el mayor aprendizaje de su trabajo en el campo social es

“que la felicidad verdadera de una persona está en ayudar a los demás, es la conclusión única y clarísima de cuando uno trabaja en lo social”.

Por su parte, la Fundación Corona impulsa el desarrollo social, la calidad de vida y la equidad en Colombia mediante proyectos específicos. Promueve la movilidad social por medio de la promoción de empleo, educación para la ciudadanía e innovación, para que cada persona tenga las oportunidades de mejorar su calidad de vida.

La uniandina Angela Escallón es la Directora de esta fundación. Es psicóloga de la Universidad de Los Andes, y como ella se define, “una mujer que ha tenido mucha suerte en la vida, con muchos privilegios y muchas oportunidades de educarse”; afirma que está segura de que eso hay que devolverlo, y por eso toda su vida ha trabajado para el desarrollo del país.

Para Escallón, el voluntariado “es la forma más cercana que la gente tiene de conocer otra realidad del país, porque uno conoce las historias de lo que pasa en el país, pero nunca las vive, y el voluntariado es un vehículo para tener ese contacto directo con lo que pasa y aportar un grano de arena”.  Hay muchas personas sensibles ante la realidad país y quieren ayudar, pero no saben cómo y el voluntariado es quizá la respuesta más acertada.

Sin embargo, tras su experiencia, Ángela afirma que hace falta compromiso y que no es suficiente con lamentarse, renegar o comentar acerca de todos los problemas que hay, “lo que falta es unir ese interior que diga yo soy capaz de que esto no pase o de contribuir de alguna forma para cambiarlo”. Si se siembra la semilla del voluntario, se genera un efecto multiplicador, un buen voluntariado lo lleva a su familia y esa familia lo reproduce con otra familia, con sus amigos, con sus vecinos, etc.

“La misión que cada uno como persona tiene en la vida es devolver los beneficios que tuvo porque sí, porque nació donde nació y porque el mundo hay que concebirlo de una forma en que a todos nos tiene que ir bien”. Es la filosofía de vida de Escallón, que de una u otra forma se replica en la fundación. Es así como promueven la movilidad social a partir de la educación, ya que es el vehículo más importante para lograrlo, porque “tenemos un bono demográfico que se acaba en el 2025, donde la gran mayoría de los colombianos son jóvenes, entonces, entre más invirtamos en ese grupo poblacional, pues mejores oportunidades tendremos en un futuro; y por otro lado, porque las sociedades desarrolladas han tenido grandes cambios en movilidad social a través de la educación, como una de las prioridades para estar donde están”, afirma.

Es así como, por medio de acciones concretas con personas en condición de vulnerabilidad, la fundación busca brindar empleo inclusivo para eliminar las barreras de desigualdad; promover oportunidades de educación; y fortalecer competencias en estudiantes de 9° a 11° para que puedan acceder a un trabajo.  Con el movimiento ‘Ciudades Cómo Vamos’, la Fundación Corona tiene un sistema de seguimiento y veeduría de control ciudadano de los planes de desarrollo de los gobiernos locales, para lograr que se cumplan al 100%.

A pesar de las acciones que hoy se generan y aportan al país, la fundación tiene el reto de “llegar al mayor número de personas que podamos, dando los elementos a quienes corresponde: a otras fundaciones, al gobierno, a las comunidades, para hacer las cosas de la manera más eficiente, eso es como nuestra obsesión”, asegura Escallón.

Para Ángela, trabajar con el sector social no solo ha aportado experiencia a su vida, también le ha dejado “el reto de lograr cosas para lo demás. Todos los días lidiamos con muchas dificultades, vemos la realidad como es, y eso no tiene nada de bonito. Lo que sí tiene de bonito es la posibilidad de poderlo cambiar, es un trabajo muy duro, que requiere mucha persistencia. Al final, lo que todos los seres humanos necesitamos es dignidad, cada uno necesita ser reconocido como un ser humano íntegro, no como un desplazado, ni como una mujer, sino como un ser humano que requiere dignidad, y cuando la obtiene, su vida cambia. Lo que más me ha aportado a mí este trabajo es reconocer algo tan evidente, porque debería ser evidente, que cada ser humano tiene su propio valor y que necesita que los demás lo vean así”.

 

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