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Escrito por: Yulieth Mora


 

Hace cuarenta años, la Asamblea de la ONU proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Proclamar, que es diferente a celebrar, que significa: publicar en alta voz algo para que se haga notorio a todos. Se proclama para reivindicar los derechos, para protestar contra la violencia y denunciar las injusticias, para hablar de feminismo, de igualdad de género. ¿Y por qué? Porque en todo el mundo, una de cada tres mujeres experimenta alguna forma de violencia física o sexual en el transcurso de su vida, según el informe anual 2015-2016 de ONU Mujeres.

En Colombia, la brecha de género es del 72,67%, y el país se ubica en el puesto 39 en el Índice Global de la Brecha de Género 2016, del Foro Económico Mundial, un ranking que analiza la división de recursos y oportunidades entre hombres y mujeres en 144 países. El desafío es latente, diario y vital para un país que construye la paz. En esta ocasión les preguntamos a tres mujeres Uniandinas que, desde la creación de políticas públicas, la ciencia y el periodismo, hacen lo propio para desafiar la mecánica de ser mujer en un mundo diseñado por hombres. Este es el mundo visto por mujeres.

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Alexandra Olaya Castro1

Alexandra Olaya-Castro es licenciada en Física de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, magíster en Ciencias-Física de la Universidad de los Andes y doctora en Física de la Universidad de Oxford (Inglaterra). En julio del 2016 recibió la Medalla Maxwell del Instituto de Física de Londres, por su rol central internacional en la biología cuántica y su contribución a la óptica cuántica en sistemas biológicos. Entre la lista de galardonados está, por ejemplo, el astrofísico británico Stephen Hawking. Hoy lidera un grupo de investigación del University College de Londres.

El año pasado usted recibió la Medalla Maxwell del Instituto de Física de Londres, un reconocimiento históricamente entregado a hombres, y usted es una de las cinco mujeres en recibirlo durante la última década. ¿Qué significa este reconocimiento para usted, su equipo y el país? ¿A dónde cree que nos llevaría tener más mujeres en la ciencia?

Para mí es una motivación a seguir haciendo investigación que se oriente a crear conocimiento científico en la intersección de varias disciplinas. Para el país es otra de las contribuciones que, como muchos otros científicos fuera del país, están dejando el nombre de Colombia en alto. Creo que el desarrollo científico está parcialmente estancado. En gran parte porque hacemos ciencia y creamos comunidades científicas con los mismos criterios que hace un siglo. Estoy segura de que tener más mujeres en la ciencia nos llevaría a hacer ciencia de manera distinta, a mirar aristas que generalmente se ignoran, y, por lo tanto, salir de este estancamiento. 

¿Cómo incentivar a las mujeres para que estudien carreras tradicionalmente ocupadas por hombres, por ejemplo, en el campo de la ciencia?

He pensado mucho en esto; según los estudios, un aspecto que juega un papel muy importante en la elección que hacen muchas mujeres es que lo que hagan traiga beneficio a la sociedad. De acuerdo con eso, uno podría argumentar sobre los estereotipos. Muchas mujeres no escogen ciencia o ingeniería porque no conocen exactamente cuál es el beneficio que esto trae a las sociedades. Por ejemplo, recientemente entrevisté a una chica de 17 años que va a estudiar Física en (UCL). Me dijo que ella primero había considerado estudiar Medicina pero que entendió que con eso quizás podría ayudar a unos cientos de personas pero no a la humanidad. La física le abría la opción de ayudar a la humanidad, y, por lo tanto, su meta era estudiar e investigar en física.

Durante su conferencia de TEDx Bogotá Mujeres, usted considera que los estereotipos son agujeros negros sociales, que atrapan la luz de mentes talentosas y creativas como las de las mujeres. ¿Cómo se contrarresta el efecto de los agujeros negros? ¿Esos “agujeros negros” pueden eliminarse?

Mi propuesta es siempre buscar la opción B, esa que es contraria al estereotipo, esa que nos saca de nuestra zona de comodidad, la que lleva a cuestionarnos lo que hacemos, por qué y para qué, esa que nos lleva a imaginar y crear un mundo distinto al que conocemos. Esos agujeros negros sólo se podrán eliminar colectivamente, y por eso es necesario entrar en diálogo con otros que también estén rompiendo estereotipos. Pero hay que tener cuidado porque romper el estereotipo no significa reemplazarlo por otro.

La inequidad de género se presenta, a veces, en acciones sutiles o invisibles. ¿Cuáles ha tenido que pasar usted en sus entorno profesional, por ejemplo?

Varias. Una reciente que enfrenté, que es sutil pero se ha repetido continuamente a través de mis distintas etapas profesionales, ha sido enfrentar actitudes condescendientes de personas (en su mayoría hombres pero también varias mujeres) que tienen poder sobre recursos y oportunidades que he necesitado. 

A menudo escuchamos “este mundo está diseñado por hombres y para ellos’”. ¿Cómo se imagina un mundo diseñado por mujeres y para ellas?

A mí me gustaría vivir en un mundo conjunto y armónicamente definido por y para mujeres y hombres. Donde, por ejemplo, las mujeres salen a la calle sin temor de ser ultrajadas, y los hombres lloran sin temor a ser señalados de débiles. Un mundo donde nuestro conocimiento sobre las consecuencias a largo plazo de un parto traumático es tan conocido e investigado como el cáncer de próstata. Un mundo en el que la violencia sexual contra niñas y mujeres es inconcebible e improbable.

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Catalina Ruiz Navarro1-01

Catalina Ruiz-Navarro es Maestra en Artes Visuales con énfasis en Artes Plásticas y Filósofa de la Universidad Javeriana, con Maestría en Literatura de la Universidad de los Andes. Es columnista semanal de El Espectador y El Heraldo y co-conductora de (e)stereotipas: feminismo pop latinoamericano (Estereotipas.com), que en 2016 ganó los premios Chiuku, de MTV, en la categoría de “Equidad de género”, y #LeadHers, de Marie Claire América Latina, en la categoría de “Políticamente incorrectas”. Su campaña #MiPrimerAcoso, lanzada desde (e)stereotipas, ganó el Premio Ciudad de México a la Acción Ciudadana del Año.

Usted ha afirmado que “El feminismo es la revolución social pacífica más eficiente y eficaz de todo el siglo XX”, y la idea general del feminismo se traduce, en esencia, a que no existe ninguna razón para que un sector de la población tenga más privilegios que otros. En ese caso, ¿por qué cree que muchas mujeres rechazan el feminismo?

Una de las críticas base del feminismo es que el poder está mal distribuido en el mundo, está concentrado en unos cuerpos muy específicos, que son los de los hombres blancos cisgénero europeos o anglosajones. El feminismo exige una revolución frente a esta distribución del poder, y eso es incómodo, sobre todo para quienes ostentan ese poder, y por eso hay una larguísima campaña de desprestigio al feminismo que durante el siglo XX fue muy exitosa. Una estrategia muy efectiva para alejarnos del feminismo es decirnos que a las feministas nadie las quiere, que son amargadas, odiosas, horribles. Y esta estrategia es efectiva porque todos los seres humanos necesitamos amor, es una cuestión de supervivencia. Ante la falsa dicotomía entre luchar por los derechos y ser amadas, muchas mujeres, con razón, eligen la segunda. Pero el truco es que en realidad no hay que escoger, el feminismo es amigas, comunidad, y sobre todo amor, amor del bueno, que es el que se da en igualdad de condiciones. Todas las mujeres deberían ser feministas, porque el feminismo defiende los derechos de las mujeres, pero hacer esa defensa implica también cargar con las estigmatizaciones del feminismo, y eso es costoso de muchas maneras y difícil pues implica discriminación, ser objeto de violencia, etcétera.

Cuando se habla de género se habla en muchos casos de hombres y mujeres, pero hoy día sabemos que hay mujeres y hombres diversos, que el género es un tema mucho más amplio. ¿Cuál es la respuesta del feminismo para incluir otros géneros en las discusiones sobre equidad?

La bandera de la tercera ola del feminismo es que el género no está determinado por lo biológico, y, en cambio, es una construcción social. No hay nada biológico o físico que determine el género, y a menudo asumimos a personas como mujeres sin tener que revisar sus genitales o hacerles un test cromosómico. Usualmente asumimos que alguien es mujer u hombre porque ostenta una serie de símbolos asociados con el género, pero esto tiene que ver con una serie de elecciones. Esto quiere decir que la única manera de saber el género de alguien es preguntándoselo. Mujeres somos quienes nos autodefinimos como mujeres, y es importante reconocer en el movimiento feminista el trabajo de las personas trans, que nos cuestionan esos determinismos biológicos que no sólo son absurdos, también justifican la discriminación de todas las mujeres. 

Según cálculos realizados por ONU Mujeres, y basados en información proporcionada por las Misiones Permanentes ante las Naciones Unidas, a enero de 2017, diez mujeres son jefas de Estado y hay nueve jefas de gobierno en el mundo. ¿Cómo ve la participación política de mujeres en Colombia? ¿Tendremos pronto una mujer presidenta en Colombia?

La participación de las mujeres en Colombia en la política es muy baja, y los temas de género son marginales. Claro, la cosa ha mejorado; el último Congreso fue el Congreso con más mujeres elegidas en la historia de Colombia, y hoy se perfila una candidata importante como Claudia López, y antes tuvimos candidatas como Marta Lucía Ramírez y Clara López. La idea de una presidencia de Claudia López me emociona, aunque creo que falta mucho trabajo para que una mujer pueda llegar a la Presidencia en Colombia, sin que el hecho de que sea mujer sea un obstáculo o siquiera un tema. Tampoco creo que las mujeres en la política o en cargos de poder sean una solución automática a la desigualdad de género, esto ayuda en términos de representación, ayuda a que la sociedad acepte y se imagine a las mujeres en cargos de poder, pero si estas mujeres son machistas y no tienen perspectiva de género no van a hacer ningún cambio, solo van a sostener el statu quo

¿Qué situaciones en sus entornos laborales o familiares ha tenido que pasar que demuestran sutil o claramente inequidad de género?

Todas. Desde el acoso permanente por parte de desconocidos cuando salgo a la calle y sus miradas morbosas desde que tengo siete años, como todas las mujeres, hasta que me interrumpan, me expliquen condescendientemente cosas que ya sé, o que no confíen en mis capacidades por ser mujer. En México me pasa, por ejemplo, que si salgo con mi esposo y pago la cuenta con mi tarjeta con mi nombre sacada de mi cartera, el mesero le pregunta a él “¿Cuánto de propina?”. Basta ver los comentarios de El Espectador para ver que hay una larga discusión sobre si soy fea o bonita, promiscua o frígida, cosas que son absolutamente irrelevantes en los foros de los columnistas hombres, y no puedo contar las veces que me han presentado en entornos profesionales haciendo primero un comentario sobre mi cuerpo: “la bella periodista”. 

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Critina Vélez Valencia-01

Cristina Vélez Valencia es historiadora y magíster en Historia de la Universidad de los Andes. Fue docente de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes en pregrado y MBA, y de la Universidad del Rosario. Sus intereses de investigación han girado en torno a la historia empresarial y el rol de las mujeres en las organizaciones productivas. Desde 2010 forma parte de la Asamblea de Profamilia. Actualmente es la Secretaria Distrital de la Mujer, entidad dedicada al diseño y la ejecución de políticas públicas para las mujeres de Bogotá.

 

Desde la Secretaría Distrital, ¿cuál es el tópico más recurrente en referencia a discriminación por género?

El tópico más recurrente está relacionado con el derecho a una vida sin violencias. Nuestro trabajo es en un 70% reactivo e implica atender legal y psicológicamente y proteger a mujeres víctimas de diferentes tipos de violencia basada en género. Por ejemplo, sabemos que en el año 2015, el 84,4% de los exámenes que realizó Medicina Legal por presuntos delitos sexuales fueron hechos a mujeres. Otro ejemplo, del año 2015, es que del 41,1% de mujeres agredidas físicamente, el posible agresor fue su pareja o expareja (datos OMEG 2015).

En todo el país hemos conocido casos de violencia contra la mujer, pero en los últimos años, los casos en Bogotá han dejado a la sociedad estupefacta. ¿Cuál es el reto que tiene la ciudad en ese sentido? ¿No deberíamos estar dando ejemplo?

El reto que tenemos está centrado en hacer prevención para los casos de violencia logrando desnaturalizarla. El hecho de que la sociedad se escandalice frente a casos de feminicidio demuestra que hemos logrado avances en el tema y que vamos en una buena línea; los medios ya mencionan el feminicidio, y además está tipificado como delito con la Ley 1761 de 2015. En 2016 se reportó el número más bajo de asesinatos de mujeres en Bogotá en trece años, y podemos hablar de un quiebre de tendencia a la baja. Este logro se debe en parte precisamente a que la sociedad se haya despertado y a que haya un mayor acceso a la justicia.

La sociedad colombiana tiene un estereotipo de mujer muy marcado, además reforzado con la televisión y los medios. ¿Cómo cree usted que se combaten este tipo de estereotipos donde las mujeres son instrumento de los hombres?

Generando espacios de reflexión frente a estos estereotipos, poniéndolos sobre la mesa. Una amiga feminista dice que todos llevamos un pequeño patriarca interno y que tenemos que luchar contra él. Estos espacios de reflexión deben incluir a todo el mundo, medios de comunicación, creadores de contenido, publicistas, líderes de opinión, etcétera, y deben partir de un ejercicio honesto de evaluar prejuicios. También es importante rescatar los referentes positivos que rompen estereotipos y recrean nuevas realidades.

Uno de los problemas más comunes que enfrentan las mujeres es el enganche laboral, y cuando se produce, el acoso laboral es otro detonante que asumir. ¿Cómo elevar a las organizaciones el interés por los temas de género dentro de sus compañías?

Tenemos una labor gigante en lograr que las empresas asuman su corresponsabilidad en la prevención del delito y la garantía del derecho de las mujeres a una vida sin violencias. Ello implica involucrar al sector privado y visibilizar sus iniciativas por hacer de sus espacios de trabajo Espacios Seguros para las Mujeres. Un ejemplo de esfuerzos en este frente es que hemos acompañado la realización del ranking de equidad de género en las organizaciones Aequales, en el que se reconoce a las organizaciones con mejores prácticas en temas de inclusión laboral de mujeres, con todas sus aristas, y prevención de todas las formas de violencia en el lugar de trabajo.

¿Ha sentido en algún punto de su vida alguna discriminación profesional o personal, sólo por el hecho de ser mujer?

En Colombia, el debate de género está atravesado por el debate de clase y raza. Obviamente me han dicho pesadeces en reuniones sobre cómo me veo, o sobre cosas tradicionalmente asociadas al hecho de ser mujer, como que soy muy sensible, o muy llorona. También vivo el veto tácito que tenemos las mujeres de gozarnos la ciudad de noche, pero creo que entender que he tenido acceso a oportunidades de educación que no han tenido otras mujeres me obliga a ponerme en la posición de entender que lo que yo he vivido obedece a una lógica de privilegios y no se acerca en nada a la experiencia, por ejemplo, de una mujer forzada al desplazamiento, sin redes familiares, que llega

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