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Escrito por: Lina María Ayala


 

Diana Duarte es ingeniera industrial de la Universidad de los Andes, docente de la Universidad Sergio Arboleda y Fundadora de Distancia Cero. Una mujer apasionada por el conocimiento, aficionada a la lectura, amante de las manualidades, emprendedora, sensible, organizada y con una gran capacidad para idear.

Esta Uniandina, a través de su Fundación Distancia Cero, busca resignificar el valor de la Universidad y apoyar los espacios educativos para que se conecten con la realidad.

¿Por qué decidió estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes?

Soy una persona a la que siempre le ha gustado coordinar cosas. Mi papá me trajo ese típico libro de las carreras, y ahí lo que decía de ingeniería industrial era que estaba orientada a organizar, a coger algo que tiene muchas partes, muchos componentes, y darle un sentido; eso fue lo que entendí y me atrajo. Ingeniería Industrial era una carrera de gestión con mucho potencial y muy estructurada que me permitía observar muchas cosas que son de mi interés, por ejemplo, el arte y el medioambiente, que son temas que siempre me han llamado mucho la atención.

¿Qué le ha aportado a su vida el paso por la Universidad?

En la Universidad hice pregrado y maestría, creo que fueron seis años.

La Universidad de los Andes enseña a ser muy riguroso, a saber lidiar con las restricciones de tener tiempos, objetivos, y sobre todo a tener una proyección de lo que uno quiere hacer, y estar siempre pensando en eso e intentar lograrlo;

ese es el sentido más importante que tiene la Universidad. El paso por la Universidad le da a uno mucha confianza y seguridad en uno mismo.

En la carrera como tal, uno de los aprendizajes más relevantes que me dejó es el pensamiento sistémico. Comprender que el todo es más grande que las partes es la base fundamental para entender las dinámicas de la sociedad. Me enseñó que todos, de una forma directa o indirecta, somos responsables del estado de nuestro planeta. Es una cuestión de ser consciente de nuestro rol como tomadores de decisiones y contar con las herramientas para hacerlo de una forma más acertada. Creo firmemente que existen causas estructurales que se deben transformar si deseamos dejar de crear problemas colectivos que nos aquejan en la actualidad. Y creo que la forma más clara de erradicar dichas causas es la educación.

¿Cuál es el lema de tu vida?

Puede sonar un poco filosófico, pero es: el tiempo no existe, sólo el ahora. Con todo lo que he hecho desde que empecé mi carrera, me ha tocado lidiar con muchas cosas que antes pensaba no podía hacer, por ejemplo, hablar en público, tomar decisiones rápido, hacer cosas que nunca había hecho y hacerlas bien; eso genera mucha ansiedad. Al final entendí que el hecho de sentir ansiedad se da porque uno siempre está pensando que las cosas pueden salir mal, y eso significa no estar viviendo el momento. El tiempo no existe, el futuro no existe, el pasado ya pasó.

¿En qué momento empieza a realizar acciones frente a las problemáticas del país y qué la llevó a hacerlas?

Todo lo que he hecho lo siento más como una experiencia personal, un aprendizaje y un laboratorio. En Ingenieros Sin Fronteras, una opción que se tiene a mitad de carrera en Ingeniería Industrial, la profesora Catalina Ramírez, afiliada a Uniandinos, mostraba historias que yo nunca había visto. Entonces había problemáticas de Ciudad Bolívar, del agua, y eso me pareció interesante porque se veía como un reto, como algo interesante que estaba fuera de mí.

Más allá de decir impacto social o impacto ambiental, esas situaciones que están por fuera de la zona de confort hacen que ser profesional sea mucho más interesante y retador, hacen que se tomen decisiones con la realidad.

Todo esto fue en el 2010, y para entonces estaba la crisis de la hora invernal, me tocaba pensar temas de logística en torno a cómo gestionar albergues temporales para emergencias; eran temas reales que yo nunca había visto, y fue eso lo que me llamó la atención, el hecho de ser capaz de proponer. Siento que me reta como persona pensar temas de problemática social.

Ingenieros Sin Fronteras fue un llamado de cómo ver la realidad desde la ingeniería, poder aportar, y que tuviera sentido lo que había estudiado.

Detrás de las comunidades y de las zonas en las que he trabajo hay personas increíbles que tienen otro ritmo de vida. La vida de ellos es simple, es concreta, y a pesar de tantas situaciones, son felices, eso me ha intrigado mucho. Y fue eso lo que me llamó para empezar a trabajar en esos temas; es eso, más que el hecho de cambiar esto o lo otro. Es un reto personal de entender, conocer personas y lugares, para generar ideas.

¿Cómo nace Distancia Cero?

Empecé a trabajar con Ángela Delgado, ingeniera industrial, en un proyecto llamado Diarios de la quinua, que se trataba de cómo fomentar este grano andino que antes nadie conocía. Ángela se fue a hacer su maestría, entonces quedé sola, y habíamos empezado un proyecto chévere, pero tocaba pararlo porque ella no estaba.

En ese momento conocí a David Osorio, ingeniero industrial de los Andes, y él quería hacer su tesis en temas de emprendimiento, y fue ahí cuando se me empezó a meter es chip, porque hasta ese momento yo tenía más un perfil de investigadora en proyectos de impacto social y ambiental. Entonces empezamos a fusionar lo mío, que es Ingenieros Sin Fronteras, y lo de él, que son temas de estrategia y consultoría.

En el 2015 fui al evento Peace Startup; ahí conocí a Carolina González, diseñadora industrial de la Universidad Nacional; teníamos que realizar una actividad, que consistía en hacer un emprendimiento tecnológico para conectar a los campesinos con estudiantes y profesores a través de preguntas, para que las trabajaran en sus clases por medio de una aplicación; trabajé con Carolina y con otras dos personas y quedamos de terceros. De esa experiencia me quedaron tres grandes cosas: ese tema de conectar preguntas con las universidades, utilizar las herramientas digitales, y Carolina, que era una persona que sabía comunicar muy bien las ideas.

Entonces ahí ya estamos: David, con lo de consultoría; yo, con Ingenieros Sin Fronteras, y Carolina, con su excelente habilidad para comunicar. A mediados del 2015 nos llegó una oportunidad de diseñar el programa de Ingeniería Industrial de Uniminuto Cundinamarca, entonces, cuando nos llega la primera oferta de un cliente, decidimos constituirnos y creamos Distancia Cero.

¿Cómo funciona Distancia Cero?

Distancia Cero busca unir el entorno rural y la tecnología, ya que la gente tiene preguntas, y los ambientes académicos necesitan preguntas para que tengan una experiencia de aprendizaje mucho más enriquecedora, y a la vez, las personas que preguntan puedan empezar a avanzar para mejorar su calidad de vida.

Para lograrlo, creamos tres servicios: el primero, consultoría en innovación educativa, enmarcada en crear programas para pensar la universidad como un sistema abierto que piensa la realidad en tiempo real; el segundo es comunicación creativa del impacto, para hacer visibles los proyectos sociales que hacen las universidades, los cuales son muy significativos; y el tercero, la plataforma Retos Ciudad-Región, busca fomentar el aprendizaje basado en retos, donde el estudiante se involucra de forma activa desde un enfoque de co-creación en la resolución de una pregunta problema relevante para el contexto de la ciudad o región en la que habita. Desde la plataforma construimos con comunidades y Pymes retos que se transforman en la pregunta de investigación de espacios educativos existentes como las tesis de grado, los semilleros y los proyectos de aula. También visualizamos a través de nuestra herramienta digital www.retos.co el proceso de co-creación que se desarrolla a lo largo del semestre académico, con el fin de articular los resultados entre diversos periodos, instituciones educativas y ciudades. Creemos que la generación masiva de equipos de co-creación y el aprendizaje basado en retos son una clara estrategia en la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) planteados en la Agenda 2030.

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