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Simón Jiménez llegó a Bogotá para presentar la traducción de su libro Diseño positivo, guía de referencia, que compiló junto a Anna Pohlmeyer y Pieter Desmet durante su maestría en Diseño Integrado de Productos en la Universidad Tecnológica de Delft, en Holanda. El libro contiene 29 modelos, teorías y estructuras conceptuales que pretenden ser fuente de inspiración para profesionales, con la profunda certeza de que todo lo diseñado por y para el hombre debe proporcionar el mayor bienestar al usuario final. Hoy Jiménez es cofundador de la agencia Seven Innovation en Ámsterdam.


Escrito por: Redacción Séneca


 

Nicolás Barbosa, literato de la Universidad de los Andes y coordinador de los contenidos de Holanda como país invitado a la versión 29 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, habló con el diseñador colombiano sobre esta guía presentada en el marco de la feria y publicada por Ediciones Uniandes y la Embajada del Reino de los Países Bajos en Colombia.

 

Nicolás Barbosa: El libro inicia explicando algunos modelos de psicología. ¿Cómo llega esta disciplina a su vida y a su profesión?

 

Simón Jiménez: Cuando estaba en sexto semestre del pregrado, entré a un semillero de investigación enfocado en el lenguaje del producto. Allí descubrí un libro que se llama El diseño emocional, de Donald Norman, y leyéndolo me di cuenta de que aquello que nos habían enseñado en la universidad no solo eran los aspectos estéticos y funcionales del diseño, sino también algo que iba más allá: la relación con los seres humanos. Esa semilla empezó a crecer y me interesé por la psicología aplicada al diseño.

 

Cuando llegué a Holanda para hacer la maestría me encontré con una materia que se llamaba Diseño para las emociones y el bienestar. Consistía en cómo utilizar la psicología emocional y, en algunas ocasiones, la psicología positiva en el desarrollo de productos. Así empezó todo.

 

En su mayoría, los modelos de diseño están basados en los modelos de psicología o  tienen alguna relación con ellos. Lo que quisimos hacer en el libro fue incluir la psicología para que el lector se informara un poco sobre la experiencia humana y esa área del conocimiento, para después comprender cómo se puede aplicar a procesos de diseño.

 

Uno de los temas fundamentales del libro es la contribución del diseño a la felicidad. En Colombia se divulgan muchos índices de felicidad, pero el debate es un poco vago a raíz de los resultados opuestos que arrojan estas mediciones. ¿Cómo se puede diseñar un producto o servicio si el diagnóstico de la felicidad es tan difuso?

 

Yo también creo que el diagnóstico es un poco difuso y, por eso, lo que debe medirse no es la felicidad sino el bienestar subjetivo, el término científico correcto. Es subjetivo porque cada persona dice qué tan feliz es. Si yo me baso en esta  gráfica  y sé mucho de una persona, si conozco todas sus circunstancias sociales, dónde vive, dónde nació, en qué clima vive, etc., solo puedo predecir más o menos del 50 al 60% de qué tan feliz es. El resto es muy subjetivo.

 

 

A pesar de esto hay otra parte que no es subjetiva sino sistemática, y eso es lo que hace posible que uno pueda diseñar para las emociones y el bienestar. Ya se ha investigado, por ejemplo, que las relaciones y las emociones positivas son muy importantes para las personas, y este es el componente sistemático.


 
Si yo viniera a Colombia para hacer ese tipo de investigaciones tendría en cuenta esa parte sistemática, porque aunque el contexto cambie las leyes universales se mantienen.  Los psicólogos han encontrado que, al parecer, las necesidades de autonomía, relacionamiento y competencias en la vida son universales en todas las culturas.

 

Usted asegura que los seres humanos también nos alimentamos de emociones negativas para ser felices, como una montaña rusa que proporciona diversión a través del miedo y la adrenalina. ¿Cómo se traduce eso al diseño?

 

Ese tema me parece muy interesante, y el diseño lo está tratando desde hace muy poco. Si uno piensa en diseñar productos y servicios, generalmente es porque quiere que la gente se sienta bien. Uno quiere generar emociones positivas, y cuando te hablan de emociones negativas es un poco extraño. Sin embargo, durante sus cinco años de PhD el investigador holandés Steve Fokkinga hizo un estudio sobre este tema y se dio cuenta de que las emociones negativas, cuando están en un marco protector, se pueden disfrutar. Por ejemplo, un niño siente miedo cuando va al zoológico a ver un león que ruge pero disfruta ese miedo porque sabe que el león está dentro de una jaula.


 
Fokkinga hizo un ejemplo con un producto interesante: una manilla que está conectada a unos audífonos y a una aplicación de celular, que motiva a que las personas corran más. La manilla y los audífonos simulan sonidos y vibraciones que hacen parecer como si un monstruo o unos perros te estuvieran persiguiendo, y te motiva a seguir corriendo. Se producen esas emociones negativas que generan motivaciones positivas para que las personas se comporten de cierta manera.


 
¿A qué tipo de profesionales les sirve esta guía? ¿Necesitan alguna formación para aprovechar el libro?

 


Al menos para la parte de psicología, no creo. Podría ser interesante para todo el mundo, pues la felicidad y las emociones positivas son temas que nos competen a todos. La parte de diseño sí puede ser un poco más especializada y dirigida a alguien que esté involucrado en procesos de innovación, gerencia de diseño, mercadeo o administración. Hace poco hicimos unos talleres y el público era variado: había administradores, mercadólogos, pocos diseñadores y más personas involucradas en gerencia de la innovación.


 
En las charlas que dicto sobre diseño positivo siempre he hecho una aclaración al principio: cuando hablo de diseño o de producto no me refiero específicamente al diseño industrial; también al diseño arquitectónico, diseño urbano, diseño de modas, de espacios y diseño digital.  ¡Todo es diseño! 

 

¿Esa experiencia del diseño tiene una aplicación en la arquitectura?

 

Totalmente. La experiencia del producto tiene que ver con todo lo que nos rodea. Vivimos en un mundo altamente diseñado, y los límites entre quiénes son arquitectos, diseñadores de objetos o de servicios se han vuelto borrosos. Cuando uno entra en un sitio tiene una experiencia emocional y estética, así que cuando se habla de producto se habla de producto en general, de una creación hecha por alguien.


 
¿Qué tenemos que aprender de Holanda en temas de diseño y arquitectura?


 
Los holandeses son muy buenos en hacer un análisis y considerar todo el contexto, lo cual también es muy valioso y además está relacionado con el diseño positivo. Nosotros podríamos aprender un poco más sobre cómo tomarnos el tiempo para analizar antes de llegar al resultado.

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