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El presente texto reviste un carácter pragmático en un tema difuso y complejo como es el que hace referencia a la Cultura. Pese a que de cultura se habla permanentemente, intentar definirla se vuelve complejo.


Escrito por: Jaime Ruiz Gutiérrez


Es un concepto cuya definición ha evolucionado a través del tiempo. Su trayectoria muestra su paso de ser un derecho de los denominados de tercera generación, a ser considerado igualmente como un factor de creación de valor, y, por tanto, susceptible de procesos de gestión, con el fin de generar impactos planeados.


En el presente texto trataremos de resumir algunos de estos elementos, que contribuyan a entender su actual estado en el contexto nacional. Las primeras alusiones al concepto de cultura se llevan a cabo en el siglo XVII en Europa bajo la idea de cultivo; es el caso de la agricultura. Sin embargo, en el caso de las personas, hacía alusión al cultivo del espíritu. En esa perspectiva se hablaba de cultura como sinónimo de civilizado, opuesto a lo inculto o salvaje. Los europeos, en sus experiencias de colonización, habían encontrado grupos humanos “salvajes” que era necesario “civilizar” o culturizar. Es decir, el concepto de cultura permitía clasificar los grupos humano en función de su mayor o menor nivel de civilización, de acuerdo con los valores europeos existentes en la época. En Colombia es bajo esta primera acepción que llega el concepto de cultura, a finales del siglo XIX, donde una muy reducida élite de tradición colonial se consideraba como “civilizada” o “culta”, mientras que la gran mayoría de la población correspondía a una “plebe irredenta”, compuesta de indígenas, negros y mestizos de diverso tipo, que era por tanto necesario “culturizar” o civilizar. Por tanto, la mejor forma de cultivar el espíritu de esta población era a través de la educación. Es así como la forma de gestión cultural se concreta a través de la venida de comunidades religiosas que se dedicaron a la fundación de colegios y centros de educativos, en especial, a partir de la “Regeneración”, en la última parte del siglo XIX e inicios del siglo XX.

En una segunda etapa, consecuencia asimismo de la confrontación de la visión europea con otros pueblos en sus experiencias de colonización, empiezan a observar que en algunas de sus actividades, estos grupos humanos aparentemente primitivos muestran, por el contrario, sofisticados conocimientos y formas de dominio y articulación con la naturaleza. Es decir, no se puede hablar de culturas mejores o más desarrolladas que otras sino más bien de la existencia de diferentes culturas, en igualdad de condiciones, pero con características distintas. En el caso colombiano, esto sucede a partir de 1930, con la fundación de la Escuela Normal Superior, en el período de la Revolución en Marcha de López Pumarejo. En esta institución se formó la primera generación de científicos sociales en Colombia, quienes lograron sistematizar y apreciar los valiosos legados de nuestro pasado precolombino, promoviendo su conocimiento por parte de la población colombiana y contribuyendo en esta forma al fortalecimiento de la identidad nacional. Se abandonaba, así, la visión colonial y tradicional, en la cual nuestro pasado indígena se constituía en un pesado lastre que impedía el progreso. En este sentido, la Gestión Cultural se plasmó en una especie de Gestión de la Memoria promoviendo la fundación de museos y el desarrollo y protección del concepto de patrimonio cultural.

El tercer momento en este recorrido corresponde a los cambios generados por la Constitución del 91, en donde el concepto de cultura adquiere una notable centralidad en la vida nacional, ya que se declara a la Cultura como fundamento de la nacionalidad exponiendo a Colombia como un país diverso, multicultural y multiétnico. La ley de cultura que crea el Ministerio de Cultura y el Sistema Nacional de Cultura introduce la perspectiva de la cultura como fuente de creación de valor, al hacer mención de las industrias creativas y culturales como parte integral de este importante sector de la sociedad. Es así como la actividad que genera esta visión de la cultura se ha venido consolidando en la denominada Economía Naranja, que, en el caso colombiano, representa, en la actualidad, un 3% del PIB nacional y un 5% del empleo activo. Un último comentario consiste en enfatizar que la cultura no solo crea valor económico, sino que igualmente genera valor social, con beneficios notables en términos de cohesión, tolerancia, identidad y autonomía. La gestión cultural es el campo académico en donde se abordan el conocimiento, reflexión y desarrollo de este terreno de ejercicio de la administración.

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