SUSCRIBASE

Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Artículo 27 de la Declaración de los Derechos Humanos


Escrito por: Nelly Peñaranda


La claridad meridiana con que la Declaración de los Derechos Humanos define la participación de las personas en el arte como un derecho ha sido, en buena parte, ignorada en Colombia.

No me refiero a que el Estado colombiano haya olvidado este artículo. Me refiero a que, prácticamente, ningún sector de la sociedad colombiana ha tenido claro que el goce de las artes es un derecho universal, consagrado desde 1948. No son pocos los sorprendidos cuando en una conversación se menciona que el goce del arte está reconocido dentro de esa declaración.

En un país cuyos habitantes han sufrido por décadas una guerra que ocasionó todo tipo de transgresiones a los Derechos Humanos, parece casi banal decir que, además, nos hemos privado del derecho al goce del arte.

Hablo en plural, porque, más allá de cualquier acción por parte del Estado –dicho sea de paso–, me consta que ha tenido un papel fundamental en el impulso, promoción y circulación del arte y la cultura. Pero el acceso y el goce del arte en nuestra sociedad –como muchos otros bienes– funcionan más como un privilegio que como una posibilidad cotidiana.

La difusión del arte hace parte de ese goce, pero en Colombia, si algo fue preponderante en los medios de información, fue el cubrimiento de la guerra. Y había que hacerlo, claro: era la guerra. Pero, desafortunadamente, frente a las notas de horror, deporte y farándula, el cubrimiento de eso casi inatrapable que llamamos arte y cultura fue increíblemente débil. Fueron la cultura y el arte los que permitieron que, cuando, por fin, llegara la hora de firmar acuerdos de paz, todavía hubiera un país para vivir en él.

Por otra parte, ya no en los medios informativos, sino en muchos de aquellos medios masivos que se dedican a la producción de contenidos distintos a las noticias, hay que decir que el contacto con lo que podemos llamar producción artística es mínimo.

No intento juzgar a los medios, menos cuando yo dirijo uno de información especializado en arte. Cada quien tiene su propia mirada de Colombia. Pero como colombiana, y como parte del sector cultura, no puedo negar que me causa desazón pensar que en Colombia el común de la población conoce más los nombres y la vida y obra de narcotraficantes y delincuentes que los de nuestros artistas (de todo tipo).

Ahora bien, si hemos de confiar en que estamos construyendo un mejor país que el que recibimos, habría que esperar que esto se refleje en los medios y que, luego de miles de historias macabras, se cuenten con más intensidad las de esos, para la mayoría de los colombianos, seres extraños que decidieron dedicarse a alguna forma de arte. Es un deseo, una esperanza, una posibilidad y, sin duda, una necesidad.

Otros articulos de esta edición

El fútbol, durante época mundialista, no solo es un movimiento deportivo sino también social y económico.

Edición 41 | 552 visitas

Conoce la historia de varios de los capítulos y grupos en Uniandinos relacionados con el deporte.

Edición 41 | 686 visitas
Artículos relacionados

El fútbol, durante época mundialista, no solo es un movimiento deportivo sino también social y económico.

Edición 41 | 552 visitas

Conoce la historia de varios de los capítulos y grupos en Uniandinos relacionados con el deporte.

Edición 41 | 686 visitas