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Es esencial aprovechar estas fechas para mirar hacia atrás, ver qué ha ocurrido en estos 200 años y entender cómo ha sido este recorrido del país, desde el cual se debe ir construyendo y avanzando; resolviendo problemas, pero asimismo encontrando otros. Esto también nos debe llevar a pensar hacia el futuro. ¿Qué nos imagínanos como nación hacia adelante? ¿Cómo enfrentar los retos que se avecinan en el mundo y aterrizarlos a nuestra realidad? Estos cambios de grandes estructuras en las sociedades actuales, seguramente, van a posicionar de una manera muy diferente al país si se toman con la seriedad adecuada.


Escrito por: Emerson Martínez Velásquez


El 7 de agosto de 1819 sucedió un evento histórico que se consolidó como el sello de la independencia de Colombia, iniciada el 20 de julio de 1810. Tras múltiples combates (antes se habían librado otras dos batallas: la de Gámeza, el 11 de julio, y la del Pantano de Vargas, el 25 de julio), la búsqueda de la independencia de la Corona española llegó luego de la Batalla de Boyacá, siendo el final de la campaña libertadora de Simón Bolívar que inició el 23 de mayo de 1819 en los Llanos Orientales.

En esta batalla, aproximadamente 2850 combatientes de diferentes razas (criollos, mulatos, mestizos, zambos, indígenas y negros) dirigidos por Simón Bolívar, Francisco de paula Santander, José Antonio Anzoátegui y Carlos Soublette, lucharon contra los integrantes del Ejército de la Corona Española, al cual derrotaron. Este fue un golpe decisivo que le dio paso a la consolidación de la República de Colombia tras la unión de lo que era conocido como la Nueva Granada con Venezuela[1].

Para Alejandro Cardozo Uscátegui, editor de la revista Colombia Internacional, de la Universidad de los Andes, “la batalla de Boyacá marcó la génesis de dos naciones que lucharon juntas en un proyecto que, más que una quimera militar, es el proyecto político de generar una Colombia grande de más de dos millones de kilómetros cuadrados. Somos los descendientes de aquellos guerreros que lucharon esa batalla que definió el proyecto grancolombiano. Sin memoria somos una brújula desmagnetizada. La memoria bicentenaria es perfecta para entender el proceso que viene para esta nación”.

La construcción de la identidad durante estos 200 años es algo que se ha reinventado permanentemente, como una interpretación del pasado en función de lo que se vive en la actualidad. En los primeros años de Colombia hubo elementos característicos que definían nuestra identidad: por un lado, la partida de bautismo como un símbolo más importante que el registro civil de nacimiento; y por otro lado, la influencia de la Iglesia en el terreno de la educación y la cultura, formando especialmente a las élites del país; constituyéndose así una relación muy estrecha entre los asuntos estatales y la injerencia católica en Colombia, pero dificultándose asimismo la construcción de un Estado laico dotado de una clara separación de poderes.

Sin embargo, a través del tiempo han surgido preguntas en torno a cuáles son los problemas pendientes en la tarea de construcción de nuestro Estado-nación y cómo superar esa debilidad de cara a un mundo cada día más global. A través de acciones y desarrollos en distintas áreas del conocimiento, el país ha crecido en todo aspecto y se ha sobrepuesto a problemas de identidad nacional que no le permitían un surgimiento en conjunto como nación. Por ejemplo, hace apenas menos de treinta años se reconocieron en Colombia jurídicamente a las comunidades indígenas y afrodescendientes, ya que hasta entonces se les consideraba como menores de edad o se les privaba de los derechos reservados para el resto de la población.

Hay que tener en cuenta las transformaciones que viene viviendo el sistema internacional, el cambio constante del mundo y cómo esto ha afectado a Colombia, no solo en el tema de la distribución del poder en las relaciones internacionales. También en lo relativo a las maneras de entender la legitimidad, los cambios en las formas de gobierno y los cambios en la economía mundial.

“Es importante ver el rol del país en el sistema internacional, cómo ha afectado al país el cambio global en los últimos dos siglos y cómo enfrentar los tiempos que se aproximan. Por lo tanto, es un momento especial de transición no solamente en el mundo sino en la propia historia del país, en donde se está entrando en una nueva etapa luego de sucesos históricos como los acuerdos de paz o todas las etapas y cambios que hemos vivido por generaciones.

”Hay que tener en cuenta el futuro y cómo éste se conecta con el pasado, tanto del país como de América latina y del mundo. Particularmente, hay que evidenciar cómo se proyecta como sociedad, como nación y como economía en un mundo cada vez más complejo. Colombia es un país mediano, pero con muchos desafíos que le permitirán incrementar su potencial”, afirma Víctor Mijares, profesor del área de Relaciones Internacionales en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

Es esencial aprovechar estas fechas para mirar hacia atrás, ver qué ha ocurrido en estos 200 años y entender cómo ha sido este recorrido del país, desde el cual se debe ir construyendo y avanzando; resolviendo problemas, pero asimismo encontrando otros. Esto también nos debe llevar a pensar hacia el futuro. ¿Qué nos imagínanos como nación hacia adelante? ¿Cómo enfrentar los retos que se avecinan en el mundo y aterrizarlos a nuestra realidad? Estos cambios de grandes estructuras en las sociedades actuales, seguramente, van a posicionar de una manera muy diferente al país si se toman con la seriedad adecuada.

Según Hugo Fazio Vengoa, historiador y decano de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, “Colombia es un país que a través de su historia y su identidad resalta por sus diferencias internas. Observándolo con una perspectiva diferente y alejados de nuestro entorno podemos afirmar que es un país mucho más de regiones que de identidad nacional conjunta, pero es ahí donde está su gran capital. Su riqueza está en la diversidad, algo que en otras sociedades no se ve tan claro. En conclusión, Colombia se descompone en una serie de ‘colombianidades’ bastante diversas las unas de las otras”.

Y tal como hace 200 años nuestros próceres mostraron que la independencia de una nación no se consigue en un instante, sino que es todo un proceso, librando numerosas batallas durante nueve años hasta lograr la emancipación del país, que ya ha cumplido un bicentenario, quienes hoy en día están en proceso de formar una empresa deben seguir este ejemplo y tener en cuenta que hacer empresa es de tiempo, costoso, difícil y requiere de un trabajo excelente en equipo para lograr resultados.

Así como lo expresó Camilo Herrera Mora en una de sus columnas de opinión en Portafolio, “nuestro país es una empresa, que suma las empresas de miles y los sueños de millones que, por cientos de años, nos hemos propuesto un grito que quiere cambiar al mundo y hemos luchado por ello hasta lograrlo, para seguir trabajando día a día, de sol a sol, no solo para una empresa, sino para los sueños de cada persona que la toca, satisfaciendo consumidores, desarrollando a nuestros colaboradores, aportando al país y a nuestras familias.

”Ser colombiano es ser emprendedor, porque es comenzar cada día con un grito en la garganta, con una lucha de independencia continua y con la claridad que debemos trabajar cada día, para que ese proyecto nuestro y este proyecto de todos sea una realidad para nosotros y nuestros hijos, pese a que muchos nos digan en documentos en idiomas extranjeros que somos inviables, y que los hechos los han hecho retirar sus palabras en silencio”.

Otra de las áreas que ha significado un gran desarrollo en el país ha sido la de talento humano. Sandra Morales, psicóloga especialista en recursos humanos y quien durante sus más de veinte años de experiencia laboral ha apoyado a las organizaciones en el crecimiento, valoración y desarrollo del talento dentro de las mismas como pilar del éxito empresarial, afirma que durante estos dos siglos de país “el área de talento humano ha evolucionado de manera significativa con el paso de los años y su cambio no solo ha sido de nombre sino también de fondo. Pasó de ser un área que veía al trabajador como un simple recurso, a un área de talento humano, dándole más importancia al profesional. Luego pasó a ser un área de gestión del talento de personal y hoy en día es un área de vital apoyo a las organizaciones; por ello cada vez más se escucha que son llamadas business partners y su rol ha cambiado de manera significativa, centrándose en ser más conocedoras del negocio y no solo en ser áreas dedicadas a la búsqueda de talento y realizar procesos laborales y de pago de nómina.

”Hoy en día, las cabezas de esas áreas tienen un rol mucho más fuerte en la retención y desarrollo del talento dentro de las organizaciones, y es que, al reconocer la importancia de valorar el talento desde su ser y no solo desde el saber, logran impactar en las personas; es decir, que es muy importante trabajar con colaboradores integrales.

”Este nuevo rol que ha asumido el área de talento humano en algunas empresas ha incidido de manera positiva no solo en las organizaciones de manera directa sino también en el desarrollo de nuestro país, dado que el éxito de las instituciones y empresas depende de lo que las personas hacen y cómo lo hacen. Por ello, invertir en las personas tiene grandes beneficios, pues, a partir de este proceso, se logra potenciar el trabajo en equipo y transformar la organización radicalmente, llevando a que las personas se desarrollen de manera individual y grupal, para así conseguir el crecimiento de la organización. Es claro que cuando las organizaciones crecen, la economía se fortalece, y por lo tanto hay un impacto fuerte en el mercado que genera una mayor consolidación de las empresas, repercutiendo de manera directa en el crecimiento y desarrollo del país al generar mayor nivel de empleabilidad, brindando mejora en la calidad de vida de los colombianos”.

Haciendo un análisis de lo sucedido desde las diferentes áreas en estos 200 años de nación, hemos podido evidenciar que la lucha de los colombianos por el progreso y el desarrollo ha sido constante. Pero, más allá de las interpretaciones y las explicaciones ideológicas, lo importante es mostrar cómo la historia de nuestro país es, así mismo, historia de cambios, y que el presente y futuro no puede ser entendido sin el pasado. Esa conciencia y ese conocimiento nos ayudan, además, a analizar y a discutir qué proyecto de nación queremos para el futuro.

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[1] Referencia bibliográfica: La Batalla de Boyacá: 200 años, una historia memorable. Canal 13

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