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Es cualquier viernes de abril. El parque El Virrey, al norte de Bogotá, brilla con un sol de diez de la mañana, que entra por las ventanas a todos los rincones de las oficinas de la firma Camilo Santamaría Arquitectura–Urbanismo. En las paredes cuelgan los trazos en blanco y negro de ciudades del mundo que Camilo se ha empeñado en dibujar durante estos años. Conserva un archivo de dibujos que esperan su implacable selección para publicar un libro próximamente.


Escrito por: Yulieth Mora


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A sus 53 años ha diseñado más de 30 mil viviendas de interés social, construidas en Bogotá y sus alrededores. En 2002 recibió el Premio Nacional de Arquitectura de Colombia por el Proyecto Parque Tercer Milenio, que le dio un nuevo aire a esa zona de la ciudad. Camilo Santamaría se graduó de arquitecto en la Universidad de los Andes y el Pratt Institute de Nueva York, en el 86, y tiene una especialización en Planificación Urbana para Países en Desarrollo del University College, en Londres. Hoy más de 30 arquitectos trabajan en su firma. 

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La primera vez que Camilo Santamaría pisó la sede de la Asociación de Egresados de la Universidad de los Andes se llamaba Aexandes y no quedaba en la calle 92, como hoy en día, sino en la calle 17. Tendría cuatro años cuando recibió clases de pintura al óleo de Gustavo Arias de Greiff, expresidente de Uniandinos, y unos seis o siete cuando su papá, Jaime Santamaría –expresidente nacional y ahora canciller vitalicio de Uniandinos-, lo llevó allí a un concurso de pintura. Tendría 15 o 16 cuando merodeó por las reuniones de la Porra Taurina y no recuerda cuántos años tendría cuando fue presidente de ese capítulo de afinidad varias veces. Desde que obtuvo su título es afiliado a Uniandinos. 

 

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Apenas tenía 24 años cuando trabajó junto a los arquitectos Fernando Jiménez y Daniel Bermúdez en el diseño de Ciudad Salitre, en Bogotá. “Hasta ahora estaban empezando a hacer los computadores, y yo me senté en una mesa de 1,20 por 2,50 con el plano de 240 hectáreas en blanco de Ciudad Salitre. Arrancamos y nos inventamos la ciudad. Fue un trabajo apasionante, aprendí mucho y estaba muy joven. Empezamos 10 personas y luego se volvieron 100 porque tocó seguir construyendo”, explica Camilo, que ya había dibujado Bogotá de cabo a rabo, muy joven, cuando su trabajo fue seleccionado para ilustrar el libro Santa Fe ciudad capital del Nuevo Reino de Granada, en 1988. 

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Para dibujar Bogotá la ha recorrido una y otra vez. Su esposa, también arquitecta de los Andes, ha sido su cómplice: “María me ha ayudado en esa vida extraña; la vida con un médico sería distinta por los intereses”, dice. Es que Camilo no puede dejar de dar un paseo por Funza, Mosquera o Bogotá sin ir a las plazas para hacer un dibujo o tomar una foto. Incluso sus hijos Antonia y Pablo ya recorren sus viajes con mapas, los mapas para los recorridos con los que Camilo creció. 

 

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Jaime Santamaría, papá de Camilo, tiene mucho que ver con su trayectoria. Fue el patrocinador de sus primeros dibujos, el que lo llevó hasta Uniandinos desde pequeño, y por su trabajo de ingeniero civil lo invitó a conocer el país, las carreteras, la gastronomía y las hidroeléctricas: “Le agradezco a mi papá -me gustaría hacerlo con mis hijos, trato y no lo logro- el tiempo que me dedicó. Si tenía un partido de fútbol o una presentación, él me acompañaba, me promovió los hobbies y los fines de semana me los dedicó completos. A él le hubiera encantado que yo fuera ingeniero civil, pero con la arquitectura son carreras afines, tanto que él se retiró después de trabajar 50 años y ahora trabaja acá conmigo. Hacemos cosas juntos”.

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“El arquitecto es un autodidacta. Uno puede ir a Harvard y le enseñan cosas buenas, pero es maravilloso lo que se aprende solo, leyendo, caminando, dibujando, tomando fotos, conversando con las personas de los barrios”, dice Camilo, un incansable viajero que tiene entre sus planes conocer Japón, China y la India para darles forma en el papel con su trazo. Ya ha dibujado Londres, París, Barcelona y Edimburgo, pero se queda con la fascinante Cartagena: “Es una ciudad espectacular porque tiene muchas terrazas, y dibujarla desde las terrazas es descubrir cosas distintas. En Cartagena no existen manzanas, ni calles cuadradas; tiene pequeñas plazas y está llena de sorpresas”. 

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Camilo no se sube al carro cuando tiene que moverse por la ciudad. El taxi y el Transmilenio le ayudan, y desde el kínder sus hijos se mueven en bicicleta: “Bogotá se está volviendo pesada; llevamos cinco años en decadencia. Resulta muy duro vivir acá, es caro y uno de los problemas es la planeación, teniendo toda la tierra que hay. Si se ampliaran las tierras del norte hasta los municipios los precios bajarían. Bogotá es gigante pero todo está recostado contra las montañas, todo el empleo está concentrado desde la calle 80 hasta la Avenida Jiménez y desde la carrera Séptima hasta la Caracas. El 90 por ciento del empleo está ahí. Creo que Bogotá sería mejor si tuviera más ciudades dentro de la ciudad, porque las tiene: el barrio Restrepo, Kennedy, Suba; en Unicentro, mal que bien, se está armando otro, porque son sitios de empleo y concentración de actividades”.

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Conoce Bogotá de punta a punta. Entre sus lugares favoritos están la Plaza de Bolívar y la Candelaria, “pero la parte que más me gusta son los barrios que hicieron en los años 30 y 40, el barrio La Merced, Teusaquillo y La Macarena”, explica. “Por la actividad, me gusta San Victorino. En el norte, los barrios de La Cabrera y el parque El Virrey; en espacio público, el parque Simón Bolívar y el Juan Amarillo, que es un paseo genial”, dice Camilo, quien tal vez no podría terminar la lista de los lugares que le encantan de Bogotá.

Hace un par de meses una amiga suya, que trae turistas en busca de arte, le pidió ser guía, y Camilo preparó un tour especial de arquitectura y gastronomía: “Se necesitan buenos guías en la ciudad. Cuando uno viaja lo agradece. Lo hago más por voluntad, no por plata, pues los bogotanos no conocen su ciudad. Una cosa que recomiendo a cualquiera es ir a la Plaza de Paloquemao. Es un mundo fascinante, ver las frutas, las verduras, las especies de ají”. 

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Está preocupado por el crecimiento al norte de Bogotá. “Está todo ese tema de discusión sobre la reserva Thomas van der Hammen, pero hay que ver quién la va a comprar, cómo se va a organizar y si esa reserva va a ser de ese tamaño. De pronto puede ser más pequeña o puede tener otra forma; no digo que deba tener las 1.300 hectáreas”, explica cuando se refiere al polémico tema. Camilo tiene más planes profesionales: “Los manuales de urbanismo son buenísimos. Ese es otro sueño que tengo: escribir un manual de urbanismo para Bogotá. Quiero contar muchas cosas de Bogotá porque he tenido la oportunidad de estar viviendo la historia de la ciudad”. 

 

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Es cualquier jueves de marzo. A las siete de la noche el salón Mario Laserna de la Sede Nacional de Uniandinos está repleto de asistentes. Tanto que han tenido que llamar a la logística para poner más sillas en la parte de atrás. El Capítulo de Arquitectura, Arquiandinos, ha convocado a la conferencia ‘Ideas para una ciudad sostenible al Norte de Bogotá’ que orienta el arquitecto Camilo Santamaría. Arquitectos maduros y jóvenes esperan con expectativa. Camilo Santamaría tiene varias propuestas para esta ciudad.

 

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