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Panorama: 151 clubes en Colombia, Perú y Chile, cada uno con un promedio de 2.000 clientes, 286.000 afiliados, genera más de 4.000 empleos para profesionales en medicina del deporte, fisioterapia, nutrición y entrenamiento físico. Al cierre del 2016 hizo una inversión de 31 mil millones de pesos para la apertura de ocho nuevas sedes en Bogotá.


Escrito por: Carolina Tobar Amorocho


Esta es la historia de Bodytech, un emprendimiento colombiano que surgió como tesis de grado de dos estudiantes del MBA de la Universidad de los Andes en 1996.  Al año siguiente pusieron en marcha su trabajo universitario y hoy es el gimnasio más grande de Colombia. 

 

“Yo entré a la Universidad porque mi motivación era no trabajar para nadie más”

 

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Todo comenzó en la electiva de Salud y Deporte, en donde Gigliola Aycardi y Nicolás Loaiza se conocieron. Después, en la clase de Gerencia de Mercadeo dictada por el profesor Enrique Luque Carulla, quien dejaba como tarea de todas sus clases entregar en una hoja, un negocio.

 

Nicolás vivía en Chapinero Alto, Gigliola cerca a Unicentro. Ella iba al gimnasio cerca a su casa, a él le tocaba una hora de trancón diaria para llegar al barrio de Pasadena en donde era el gimnasio más cercano a su casa. A los dos, además de la maestría, los unía la pasión por el deporte.

Se graduaron en septiembre de 1996. Su tesis fue un proyecto de investigación de mercados que después se convertiría en Bodytech. Hicieron la exploración para la zona de Chapinero. “Contamos carros en la 7ma, hicimos encuestas, hicimos sesiones de grupo, entrevistas con personas que hacían ejercicio, con personas que no, señoras, jóvenes, fuimos a entrenar a todos los gimnasios de Bogotá para ver cómo era el mercado”, cuenta Aycardi.

Gigliola Aycardi, ingeniera industrial, había trabajado en el sector financiero y Nicolás Loaiza, ingeniero civil, en construcción. Ella creía que conseguir la financiación era muy fácil porque siempre había estado del otro lado de la mesa, del lado del banco, no del lado del cliente. Hicieron el proyecto con todos los escenarios de financiación posibles y en todos los bancos les dijeron que no.

“Nosotros vendimos nuestros carros para empezar y mi mamá hipotecó su casa y nos prestó la plata para arrancar, pero igual no era suficiente, nosotros queríamos abrir en septiembre de 1997 pero no nos alcanzaba la plata, nos alcanzó para la obra, pero no para los equipos”, recuerda Gigliola.

Era un panorama desesperanzador. Su última opción fue el Fondo Nacional de Garantías (FNG), entidad del Estado que sirve de aval para empresas y personas que no tienen una garantía real para darle al banco. Allá estudiaron el proyecto y les dieron el aval; con esa nueva luz volvieron a los bancos para pedir préstamos.

Inauguraron su primer gimnasio Bodytech el 9 de febrero de 1998, ubicado en Chapinero (Cra. 7ma con calle 63). “En nuestro escenario optimista esperábamos tener 1.000 afiliados en 6 meses y el 28 de febrero cerramos con 1.800 personas inscritas”, cuenta la fundadora.

La realidad superó cualquier expectativa que tuvieran, esto les permitió que en el año 1999 pudieran pasar de 800 a 1.400 metros cuadrados, y de 1.200 a 2.300 afiliados. Esto demostraba que su negocio era directamente proporcional al espacio, entre más espacio tuvieran, más afiliados iban a tener.

En el año 2000 abrieron su segunda sede en Cedritos y en el primer mes ya tenían 2.300 afiliados, en el 2001 abrieron en Colina y al mes tenían 2.500 afiliados. “Yo digo que nosotros no nos inventamos nada nuevo, que lo que aprovechamos fue una mega tendencia mundial que es el ejercicio, la vida saludable, el querer vivir más y mejor. Nuestro diferenciador desde el comienzo ha sido la salud”.

 

“¿Será que las cosas no son así?”

 

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“Cuando nosotros íbamos a empezar y todo el mundo nos decía que no, empezamos a dudar. Pensamos: ‘¿será que esto no va a funcionar?, ¿será que las cosas no son así?’. En esa época a Colombia acababan de llegar Mc Donalds y Blockbuster y nosotros decíamos si a ellos les abren las puertas y todo lo abren en grande, a nosotros por qué no nos ayudan, por qué nos dicen abran algo chiquito en un garaje y después empiezan a crecer”, cuenta Gigliola.

Iniciar nunca será fácil y pareciera que a veces, cuando hay problemas, llegan más problemas.  En plena obra de construcción del gimnasio, Gigliola pidió al banco un sobregiro de 10 millones de pesos para pagarle a los empleados. La atracaron, le robaron todo el dinero. Más adelante, en el año 2003, cuando pasaron de tener cuatro a diez  centros de entrenamiento, también pasaron de deber 3 mil a deber 10 mil millones de pesos, así las cosas, el flujo de caja era una responsabilidad importante.

Previamente, en el 2002 contrataron una banca de inversión porque querían seguir creciendo, pero no tenían más capacidad de financiación y querían conseguir inversionistas para Bodytech. Ellos les sugirieron contratar una Junta Directiva externa, lo hicieron y esta les recomendó que en vez de pedirle a los bancos más créditos, para más proyectos, les pidieran que los créditos actuales se los ampliaran de tres a cinco años. Con eso lograban bajar las amortizaciones y con la plata que les quedara de flujo mensual podían hacer más sedes.

Cuando propusieron estas nuevas ideas a los bancos, estos entraron en pánico porque pensaron que no tenían cómo pagar los créditos actuales. Como consecuencia, no les ampliaron los créditos, ni los plazos y les paralizaron todos los créditos. Fue un año muy duro sin financiación nueva, pero con una gran enseñanza.

Aunque hoy la historia de Bodytech es un caso de éxito, su camino tuvo muchas espinas y entre ellas tres fracasos que marcaron su experiencia. Montaron Bodytech kids, un gimnasio para niños. “La idea no funcionó porque los horarios de los papás y de los hijos son muy distintos. Inclusive había papás que dejaban a los niños 5 o 6 horas en el gimnasio y sin comida y a Bodytech le tocaba darles el refrigerio”. En otro momento trataron de vender vitaminas y suplementos, pensaron que sus clientes consumirían esta línea, pero no tuvieron éxito y terminaron regalando los productos. También hicieron un spa con unos socios, pero quebraron en el intento.

“Errores hemos cometido muchos, pero en ese momento tú crees firmemente que va a funcionar. Hoy decimos: ‘zapatero a tus zapatos’, y nosotros somos buenos para hacer centros de acondicionamiento físico”.

 

La expansión

 

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En el año 2007 tuvieron dos eventos muy importantes. En primer lugar, fueron la segunda empresa en Colombia que recibió aportes de un capital privado extranjero. En segundo lugar, fueron escogidos por Endeavor, fundación sin ánimo de lucro que apoya a empresarios de alto impacto. Con ellos hicieron una consultoría de internacionalización, que les dio como resultado los países a los que deberían ir (Perú y Chile).

En el 2008 iniciaron en Perú y en principio creyeron que las cosas funcionarían como en Colombia, pero también fue un proceso largo de aprendizaje. “Cometimos errores, en Colombia nosotros tenemos 4 duchas en cada baño porque los colombianos preferimos irnos a bañar a la casa, allá abrimos la misma cantidad y era un caos porque los peruanos se bañan después de entrenar sin importar la hora que sea. Se formaban unas colas terribles”.

En el 2012 invirtió con ellos otro fondo de capital privado y con esa plata compraron en Chile la cadena Sportlife, número uno en ese país.  Pero allá la experiencia fue muy distinta porque no fueron a abrir mercado, sino que compraron a los mejores y se quedaron de socios con los emprendedores de ese negocio.

 

Lo que viene

 

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“Este año cumplimos 20 años y lo hemos bautizado como ‘el año de la transformación’. Para nosotros es el año de la transformación tecnológica, tenemos proyectos con nuestra App. Estamos en proceso de cambiar la experiencia de nuestras clases grupales a algo más innovador, por ejemplo, en nuestra sede de Fontanar (Cajicá) tú tienes un salón de spinning en donde las bicicletas están conectadas a una pantalla y ahí tú ves cómo van las personas.”

En un principio a Gigliola Aycardi la motivaba que Bodytech fuera exitoso para conseguir el dinero del crédito de la casa de su mamá, cuando eso pasó a segundo plano, la motivaban sus empleados, pensar que había tantas familias que dependían de su negocio “En esa época cuando yo hacía las cuentas decía: tengo 100 empleados, hay 4 personas por hogar en promedio, o sea que hay 400 personas que viven de Bodytech todos los días. Hoy en días tenemos más de 4.000 empleados, entonces yo digo hay 16.000 personas que todos los días tienen sus necesidades básicas satisfechas gracias al trabajo que tienen con nosotros”.

Hoy esa sigue siendo una de sus motivaciones, pero a ella se han sumado unas nuevas y un sueño muy especial “me gustaría que Antonia, mi hija, sea una persona buena, poderla ver cuando crezca cuando se case, cuando tenga hijos. Yo estoy dentro del perfil de afiliado que hace ejercicio para poder ver crecer a sus nietos”.

 

* Fotos suministradas por Bodytech

 

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